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Una noticia aparecida hace algunos días comunicaba que la apertura de la Zona Recreativa periurbana de Las Mesas en Santa Cruz de Tenerife se iba a retrasar por lo menos tres años más. Lo cierto es que, si se visita la zona hoy cerrada al público, poca señal de actividad laboral vamos a encontrar. En todo el perímetro del parque apenas podemos ver a unos pocos operarios que cargan en un camión restos vegetales. Al parecer, diferencias económicas con la empresa adjudicataria de las obras y el que no se contemplara la canalización del agua potable han sido las causas del retraso de los trabajos de la zona de esparcimiento más importante de la capital tinerfeña.

En enero de 2004, el Cabildo de Tenerife falló el concurso de ideas a favor del equipo multidisciplinar formado por Mónica Esteban, Rafael Escobedo, Espartaco París y José Ángel Vizcaíno. En el proyecto, denominado “La montaña entera”, se planteó la reordenación de una superficie cercana a los 2 millones de metros cuadrados y comprendía, en palabras del que por entonces era vicepresidente del Cabildo y hoy alcalde de Santa Cruz, José Manuel Bermúdez, “una pérgola serpenteante que recorrerá el parque y que se apoya en la topografía, destacando la construcción de un centro de visitantes integrado en el paisaje y una serie de objetos arquitectónicos de hormigón rematados con elementos vegetales. Otras dotaciones previstas en la zona son un restaurante y cafetería, red de senderos, programa de repoblación forestal en función de la flora autóctona de la zona, aparcamientos, baños, miradores, espacios para instalar juegos para niños y mobiliario urbano.”

El proyecto se planteó como una de las obras del Plan La Cuesta-Taco, promovido por el Cabildo, el Gobierno canario y los Ayuntamientos de Santa Cruz y La Laguna. Las obras se presupuestaron en más de 5 millones de euros y fueron adjudicadas a la UTE formada por Tinerfeña de Obras Públicas y Construcciones y Restauraciones Miguel Hernández Ventura. El plazo de ejecución previsto era de 26 meses.

En 2008, cuatro años después del concurso de ideas, se anunció el comienzo de las obras, que se iniciaron efectivamente en abril de 2009. En octubre de 2010, se produjo el cierre de las instalaciones para los usuarios de la zona recreativa. En mayo de 2011, uno de los arquitectos firmantes del proyecto, Rafael Escobedo, se quejaba de que los continuos actos de vandalismo estaban retrasando el desarrollo de los trabajos. Además, decía que las fuertes lluvias de febrero de 2010 habían causado numerosos daños, por lo que se tuvieron que arreglar muchos desperfectos, entre ellos la desaparición del camino por el que se accede a los depósitos del agua, imprescindible para la obra.
Las ya citadas desavenencias económicas entre la UTE adjudicataria de las obras y el Cabildo, unidas a la necesidad de sacar un nuevo concurso para la canalización de agua potable, han obligado a la corporación insular a comunicar el retraso de tres años más en la finalización de las obras. En total han pasado 8 años desde que se inició el proyecto y si sumamos los tres añadidos ahora nos darán una duración total de 11 años para hacer una obra que estaba prevista para dos años y medio.
En suma, otro proyecto más que, por las causas que sean, se eterniza en nuestra isla.
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publicado el 13 Enero, 2012 en El Dia (0) comenta
publicado el 8 Diciembre, 2011 en La Opinion (0) comenta