Lamentablemente, frente a los más de cuatro millones de parados que padecemos, los políticos sólo nos ofrecen paridas. Entiéndase que no nos referimos con parida a: "dicho de una hembra: que hace poco tiempo que parió”, que es la primera acepción del diccionario, sino a la segunda, la que dice que parida es una "sandez, despropósito y/o simpleza". Verbi gratia: don Rigoberto "no dice más que paridas".
Hace una semana les comentaba una de las paridas del Plan E en mi barrio: la sustitución de los columpios y otros artefactos de un par de parques infantiles. Una obra apoteósica –e innecesaria, porque los columpios sustituidos estaban bien– que tardó en realizarse la barbaridad de tres días. Y eso que sólo trabajaban por la mañana los tres operarios que, por cierto, eran de una multinacional con sede en España. Y que a lo mejor ni siquiera es ya española. Por lo pronto los nuevos columpios son made in el extranjero. Que no ponemos el extranjero que es para no hacerle publicidad. ¡Con la cantidad de buenos columpios que se fabrican aquí, Dios mío de mi vida! Pues no, lo políticamente gilipollas es comprarlos fuera; que después ya se encargarán nuestros obreros de la "investigación y el desarrollo", o sea, apretar los tornillos. También nivelarán la cosa, para que no se caigan los niños. Vamos, digo yo.
Cuando la crisis de hace unos años, gobernando Felipe González, también se puso en marcha un Plan E. Sólo que con otro nombre que no recuerdo. Pero fíjense ustedes por dónde, en aquel entonces se exigió a los ayuntamientos que pretendieran acceder a sus fondos que contrataran mucha mano de obra. Lo cual está muy bien. Hay que reconocer que, aunque Felipe González tuviese menos asesores que Zapatero –y tantos menos, porque el líder de la Alianza de No Sé Qué tiene más de 600 solo en La Moncloa–, las cosas las hacía mejor y con más fundamento. ¿Quiere el señor alcalde los fondos estatales?, pues presénteme proyectos con mucha mano de obra. Y así, en mi ciudad, se hicieron cantidad centros socioculturales de una sentada, que ahora no sirven para nada o para casi nada, aunque vienen bien para que los vecinos se tiren los trastos a la cabeza cada poco. Pero esa es otra historia.
¿Saben qué hizo el ayuntamiento de mi ciudad, en aquel momento, para conseguir contratar al mayor número posible de parados? Pues hacer los edificios de piedra natural. Pero no sólo de revestido de placas, no: de piedra natural te lo juro por mi madre. O sea, que montaron en los tajos unas auténticas canteras de extracción de piedra para hacer los muros como los hacían los romanos. Con sus mechinales y todo si fuera o fuese necesario. En fin, que pasaba uno por delante de aquellas obras y tal parecían una prisión americana de esas de trabajos forzados, con doscientos obreros dándole golpes a unas enormes piedras. En plan el Egipto de los faraones, pero en versión posmoderna o similar.
Ahora a mi ayuntamiento se le ha ocurrido hace unos meses, para luchar contra el paro, contratar a dos psicólogas y un administrativo, durante 3 años, para ofrecer una cosa denominada Servicio de Apoyo Psicológico a Personas Desempleadas. Por lo pronto, ya han rebajado las cifras del paro en tres personas: las psicólogas especializadas y el administrativo. Ahora ya han pasado más de tres meses y el servicio ha creído conveniente demostrar a la opinión pública, por órdenes del concejal, su utilidad. Resultando que se ha atendido a 21 parados. He cogido la calculadora y me sale a 4 parados atendidos por día. O sea que deben estar desbordadas de trabajo las psicólogas. El administrativo no, yo creo que hasta tendrá tiempo para hacer quinielas y echarse unos solitarios con Windows.
Por si fuera poco, a los parados y paradas les están dando coaching. (¿Pero qué clase de guarrería es esa, individuo? ¿Usted no puede hacer una chorrada de estas, sin decir ordinarieces?) No señora Obdulia, el coaching no es una guarrería, aunque lo parezca. Es un entretenimiento, digo entrenamiento, que dan las amables psicólogas municipales para que los parados/as se olviden de que han de pagar la hipoteca y de que han de dar de comer a sus hijos en Cáritas. En fin. ¡Qué negro está todo esto, caramba!
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