“Las nubes pasan, el cielo permanece”. Se me ocurre pensar al cabo de dos años justos que nada ha cambiado en la escena municipal. El actual portavoz del grupo socialista, señor Matos, pide la declaración de BIC (Bien de Interés Cultural) para las farolas fernandinas que un día aparecieran en La Laguna y si usted entra en un archivo de Internet se encontrará con que se han prodigado a ciento por uno en todo el territorio nacional, con grandes beneficios para su fabricante. El 06 de abril de 2006, publiqué en La Opinión de Tenerife un trabajo de investigación sobre el alumbrado de La Laguna, en aquel caso dirigido al señor Abreu, por entonces portavoz del mismo partido. Por si no lo leyeron en su día y por si fuera de su interés lo vuelvo a publicar en loquepasaentenerife.com, porque ellos deben saber que no hay nada más importante para un político que una hemeroteca y a ella habrá que recurrir para conocer y recordar en su caso la cantidad de memeces que los ciudadanos tenemos que sufrir con sus actos y sus decisiones.

¿Dónde empieza lo histórico?
Hace tiempo que dejé de escribir en la prensa local. A veces resulta muy duro tener que salir a decir lo contrario de lo que otro piensa y uno va contando años que según el DNI son suficientes como para empezar otra guerra. Sin embargo hay afirmaciones, referencias y argumentos que me hacen reflexionar sobre el sentido que cada uno tiene de lo antiguo, de la historia. El último argumento es el contundente escrito del portavoz del PSOE, el señor Abreu, sobre las farolas de la calle Deán Palahi, que con una aseveración bastante altisonante inculpó a la señora Cerrillos, arquitecta de El Plan Especial en el que me honro de haber colaborado, de tener intereses económicos en la sustitución de los viejos lamparones fernandinos. Y como presunción me parece ofensivo, sobre todo viniendo de un portavoz de un partido tan serio como el PSOE, hacia el que me he sentido con afinidades y por el que he trabajado muy desinteresadamente, concretamente en las últimas elecciones municipales.
Recuerdo que hace casi el mismo tiempo que él dice que el alcalde Pedro González colocó dichas farolas, sufrí un revés al contemplar la Plaza de La Milagrosa, estrenando luminaria fernandina de tres farolas cuando subí de Cruz de Piedra y me llegó el espectáculo de la plaza, con todo su esplendor, me sentí ante una procesión de la dolorosa, dado el barroquismo histriónico que surgió de repente en aquella noche de estreno luminoso. Puedo asegurar que me sorprendió aquel decorado de permanente procesión que se acababa de instalar en mi ciudad para todo el año y con un poco de suerte para toda la vida. Y ya sabemos que la Semana Santa es sólo para la primavera. Esto quiere decir que a Pedro González le gustaba y que a mí no me gustó. El señor alcalde se marchó a seguir haciendo su oficio y yo seguí ejerciendo el mío de ciudadano, con farolas fernandinas y sólo han pasado unos veinte años.
¿Qué es lo histórico?, ¿lo que el señor Abreu recuerda de su tierna infancia?, ¿lo que recuerdo yo?, ¿lo que dicen los documentos más antiguos? Un viejo trabajo realizado sobre La Laguna hace más de treinta años me devolvió un estudio sobre la iluminación de la ciudad de 1845 y se refiere a un documento del diecinueve de abril (hace 161 años), donde por primera vez se habla de iluminar las calles de San Agustín, Rosada, Carrera y del Agua, que viene a ser el escenario de las tradicionales fiestas de la ciudad. Por supuesto que estamos hablando de iluminación de petróleo, con celadores, mechas, depósitos, cristales y todo tipo de artilugios para el encendido y el perfecto funcionamiento. Realmente la iluminación auténticamente histórica.
Este sistema de iluminación duró hasta 1910, año en el que Don José Suárez González y Don José Melo González como alcalde-presidente y regidor síndico, firmaron con don Ernesto Mouvet de Tellencourt, como representante de la Compañía Eléctrica de Tenerife S.A., un contrato para dicho servicio. Por supuesto que el sistema lumínico cambió, como cambió la forma de las lámparas o farolas -muchas estuvieron hasta los años cincuenta, incluso más- de estilo modernista, con gotas de cristal bajo proyector circular blanco esmaltado y soportes en forma de S con remates de fundición de tono moderno muy acorde con la ciudad que ya se estaba construyendo desde el último tercio del siglo XIX, y dieciocho luces de arcos voltaicos que pendían al centro de la calzada colgadas de esquinas opuestas de amplio cuerpo en esmalte negro, ancho proyector esmaltado en blanco y gota de cristal. Los antedichos políticos establecen un contrato hasta 1954. A lo largo y ancho del archivo municipal no encontré un solo documento donde se insinuara, intuyera, o afirmara, que los referidos alcaldes y síndico habrían recibido prebendas económicas de la empresa instaladora y fabricante, por haber destruido las lámparas históricas de 1845, como ahora se le insinúa a la arquitecta del PEP.
Señalar, asimismo, que en 1975 había 422 puntos de luz incandescentes y 254 de luz de mercurio. Recordar también que la luz incandescente fue colocada en las luminarias primitivas de 1910 y que en sesenta y cinco años su número aumentó en más del 100%.
Para 1975 el problema va a tener una solución más llevadera ya que se va a proceder a realizar una obra que acometerá a toda la ciudad y se hará un tendido de sesenta kilómetros de cable, armado, anti-roedor y anti-humedad, que como muy bien saben todos los propietarios de una casa del casco cuelgan de forma lamentable en todos los edificios históricos, ambientales, monumentales, modernistas, bocacalles y un largo etcétera. Se dispondrán unas farolas de corte moderno con zonas focales de aluminio, unos brazos pendientes de la pared y otras de poste en avenidas y calles más amplias. Desaparecerá todo el alumbrado histórico de 1910 y no aparece en los archivos o en la prensa queja alguna de las posibles connivencias entre técnicos y empresas fabricantes, como ha sucedido en el caso de las nuevas de Deán Palahi y el reclamo del portavoz de PSOE. Tampoco se habla de la desaparición de las interesantes farolas modernistas, que eran las históricas del primer tendido eléctrico de la ciudad en 1910.
En la década de los 80 un avispado fabricante de farolas fernandinas descubre las ciudades históricas y va repartiendo por todo el territorio nacional los catálogos de los lamparones fernandinos, que son estupendos para hacernos más antiguos, más históricos, más rigurosos. No he encontrado datos sobre una protesta masiva a don Pedro González por haber quitado las farolas que recientemente se habían dispuesto, en 1975, para llenar de antigüedad una ciudad que no tuvo ningún reparo en desmelenarse a finales del XIX.
¿Dónde empieza lo antiguo?, ¿dónde está el rigor?, ¿dónde se oculta la verdad? Da la impresión de que en esta ciudad que ya peina muchas canas hubo gentes muy modernas en el siglo XIX y principios del XX y gentes muy antiguas en el siglo XXI. Está claro que mi presunción de salir al paso de unas desastrosas declaraciones que ofenden y salpican a una serie de personas serias, rigurosas, e incluso especialistas, conocedoras de su oficio y rigurosamente vinculadas a la época en que viven, serán contestadas por ese mundo antiguo, rencoroso, resabiado y casposo que está ahí fuera y que, lleno de rencor y de ignorancia tiene la capacidad de creer que la historia empezó cuando él era niño. Porque hay quienes llegan a la conclusión de que antes de ellos no hubo nada y que lo que ha de venir después será fundado por su generación, que sin duda va a tener que volver a leer el Catón en aquella escuela histórica de La Laguna que citaba Sabino Berthelot en su Primera estancia en Tenerife.
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