Hace treinta y ocho años conocí Masca y su entorno por primera vez. Con un grupo de amigos ascendimos por la Degollada del Cherfe y descubrimos, allá en la cumbre, la profundidad de una realidad que estaba muy lejos de comunicarse con el resto de los pueblos de la Isla. Casi en la entrada del caserío, allá abajo, José Pérez, el aguerrido alcalde pedáneo, acompañaba a un obrero que desbastaba el risco para que un día aquello llegara a ser carretera.
El descubrimiento de Masca no tiene parangón. Había estado en otros rincones de la isla, escondidos, recónditos, de difícil acceso, pero nada parecido al gran espectáculo, al enorme paisaje que se entreabría al mar, allá al fondo donde se intuía el serpenteante barranco que desembocaba frente a La Gomera, que era lo único diferente a Masca que se veía en el horizonte.
No es fácil hablar del barranco de Masca sin hacer un preámbulo de lo que significa llegar en 1970 a los caseríos dispersos que forman el conjunto masquero, el Turrón, la Bica, Lomo del Medio. El circulo de montañas que siguen guardando restos aborígenes. La vegetación y los bancales menudos, sembrados; las cabras parideras sueltas barranco abajo; el pastor con su lanza bajando precipicios; los estrechos caminos, las simples veredas, los muros húmedos por la contención de bolsas de agua que se guardaban en su seno.

Palmeras aquí y allá; enormes zarzales, menudas casuchas que emergen de la colada basal de la montaña primitiva, como setas; raleas de lava arenosa, coladas de picón rojo, carpinterías simples, recodos de caminos, patios empedrados con lajas; viejas tejas; cocinas dentro y fuera; casuchas rechonchas para dejar pasar los vientos monte arriba; gentes genuinas: Juan de Armas, doña Leonila, la Artillera, José Pérez, tantos y tantos amigos con hijos y con nietos que se iban quedando prendidos en nuestros afectos a cada paso, en cada viaje, durante cada madrugada de ordeños.
Luego, risco abajo, está el resto del viaje al mundo onírico de las cumbres, las grietas volcánicas, la vegetación compleja, los roquedales, las covachas, los difíciles pasos, las increíbles estrecheces producto de arranques volcánicos. Rebaños con pastor allá arriba, desde donde ruedan piedras que se abalanzan al fondo del abismo. Marcas prodigiosas realizadas por antiguos turistas alemanes que se dictaban señales para que hicieran el sendero entre familias que iban a aquellos lugares de tiempo en tiempo. Silencios y silbidos del viento que sopla arriba como en los bordes de un vaso, creando vacíos de polvos y ácaros que ascienden para llegar a cualquier parte en ese vendaval de escándalos alisios.
Ya empezamos a poner precio a nuestra belleza natural, a prohibir que las gentes sencillas visiten su isla, a dejarla sólo para los turistas y para organizar visitas guiadas
Vueltas y más vueltas; nuevos paisajes; nuevas rocas; nuevas cuevas. Camino con dificultades pero soberbios de belleza natural, insólita. Ratos de descanso; purezas de aguas brotando aquí y allá; y sobre todo aquel silencio, el cielo azul, los rostros de los compañeros en los que no se escucha la más mínima queja; las sorpresas de los roquedales; la ingenuidad de la minúscula vegetación. Todo aquello es un espectáculo, una fascinación.
Pues ahora, por el descuido de algunos, por las ocurrencias de otros, por las inseguridades ante la destrucción o la depredación del nuevo homo canariense, el Cabildo Insular ha decidido ponerle puertas al campo. No sé cómo, pero sí sé que así será: para visitar el barranco habrá que pagar. Ya empezamos a poner precio a nuestra belleza natural, a prohibir que las gentes sencillas visiten su isla, a dejarla sólo para los turistas y para organizar visitas guiadas. Y así será, como ya lo es el Barranco del Infierno, como quieren que sea el espacio natural de las Cañadas.
Un amigo me remitió unas bellas fotos. Salvador, gracias por tu selección. Hoy no mostraremos el caserío que sufrió el impacto de un pavoroso incendio y que está siendo estudiado para su reconstrucción. Cuestiones de descuidos. Pero si deseo que disfruten con estos paisajes sobrecogedores para que sepan que esto es también nuestra isla y que quien la gobierna, a su antojo, nos va a prohibir el paso cobrándonos por entrar a este paraíso terrenal, que ellos sí que no se atreven a pisar. Seguramente no lo merecen.
Comentarios
No sé si sigue el mismo en la casita de la playa. Pero sólo espero que a este no se le pague nada. Pues ya es bastante con lo que hace a los pescadores de la zona que desde siempre paraban en esta playa a recoger agua y ahora se la dosifica a placer. Sigue estando allí "el dueño de la playa"??.
Estupendo reportaje Adrián y mágníficas fotos. Me han hecho recordar viejos tiempos montañeros de bajada por el barranco y baño en la playa.
¿Se acuerdan de la ecotasa? Pues esto es una cosa parecida. Lo importante es que nos digan en qué se van a gastar el dinero de la recaudación. Si es para mantener el barranco, vale, pero de lo contrario no tiene sentido.
Saludos
En el Barranco del Infierno se cobran 3 euros. Lo de cobrar en Masca se veía venir.
En el barranco del infierno se cobra (o cobraba) desde hace ya algunos años, eso si, te acompaña un guia.
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