La peste de Albert Camus, en sentido estricto, es la historia minuciosa y terrible de una epidemia que cae sobre Orán y deja a la ciudad argelina aislada del mundo.
En esta historia el narrador ocupa lugar de cronista, y sólo al término del relato, él mismo se descubre como protagonista de la misma, el doctor Bernard Rieux, que con abnegación lucha con todas sus fuerzas -dejando incluso de lado a su familia-, por el bien de la comunidad. En su esfuerzo le ayudaran un reducido grupo de amigos -coprotagonistas del libro-, mientras que el resto de ciudadanos simplemente se muestran como sombras que mueren o no hacen nada por ayudar más allá de separarse de los apestados. Destaca entre los personajes un hombre llamado Cottard, un delincuente al que la epidemia le ha venido muy bien para ganar dinero y entretener a los investigadores que iban tras él. Un hombre que prefiere que las muertes no cesen, que las ratas no desaparezcan, y que el miedo siga siendo el dueño de la ciudad porque sus bolsillos seguirán llenándose, y su pellejo estará a salvo.
Quizá en este punto, alguno de los que están leyendo estas líneas piense que para qué todo este rollo, esta introducción literata y –por qué no-, pedante. Pero tal vez otros, sobre la marcha y uniendo metáforas, hayan resuelto esta pretendida alegoría. Existe otra hipótesis al respecto de lo que quiso decir Camus en La peste. Ésta dice que Orán bajo la peste bien pudo representar a París durante la ocupación alemana…
Muy bien, para los que hayan optado por la visión alegórica y para los que no –pues no soy rencoroso-, daré un par de pistas: digamos que Orán es Santa Cruz de Tenerife. Y que la peste tiene siglas de partido político… el Cottard tinerfeño lo eligen ustedes, el aislamiento del mundo y las ratas muertas tampoco son difíciles de ver.
En La Peste de Camus, la epidemia duró alrededor de un año y, finalmente, con un saldo de miles de muertos, se erradicó. Daré otra pista para los más rezagados: la epidemia aquí dura ya veinticinco años, y con paella en celebraciones de eurocopas no se cura el hambre de los muertos vivientes de esta isla… ¡ojo!, no puedo dar pistas acerca del Bernard Rieux tinerfeño, ahí sí que estoy perdido, pero en este sentido acabaré este artículo con palabras del propio Rieux que quizá puedan servirnos en tan difícil tarea de búsqueda.
"(…) Esta crónica no puede ser el relato de la victoria definitiva. No puede ser más que el testimonio de lo que fue necesario hacer y que sin duda deberían seguir haciendo contra el terror y su arma infatigable, a pesar de sus desgarramientos personales, todos los hombres que, no pudiendo ser santos, se niegan a admitir las plagas y se esfuerzan, no obstante, en ser médicos".
Comentarios
Felicitaciones de un enamorado de Camus que vive en amor-odio en esta tierra. Aunque no estoy de acuerdo en que Rieux dé de lado a su familia. Y, por cierto, los políticos de Orán sitiaron la ciudad una vez que se encontraban fuera de ella... Me gusta este ejercicio, como pasatiempos, de identificar a los personajes de La Peste en Tenerife ¿Quién será Grand y quién Tarrou y quién el periodista..? Que, por cierto, tanto el periodista como el cura acaban por asumir los muros de la ciudad, de una u otra forma. Es el elemento solidario del solitario...
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