El campus de Guajara cambió por unos días de dueño. Miles de alumnos de Bachillerato invadieron las instalaciones universitarias durante cuatro jornadas para conocer más de cerca el que, se supone, será su próximo destino formativo: la Universidad de La Laguna. El rector, un equipo de psicólogos (seguro que les hará falta), alrededor de cien profesores del centro y el personal de orientación en peso (éste es, sin duda, su gran día) estaban allí para recibir a las hordas de teenagers. Al final, como todos los años, los lugares más frecuentados fueron la cafetería y los bancos de los jardines.
Pese a todo, muchos de los bachilleres recopilaron toda la información que pudieron para afrontar el salto a la vida universitaria. No era complicado, pues el aulario estaba inundado de folletos informativos sobre cada uno de los centros de la ULL. En total, se estima que pasaron por allí en cuatro días unos 5.500 futuros estudiantes. Se pueden imaginar el caos.
Al margen de las charlas orientativas (ninguno de los jovenzuelos visitaba Guajara para aguantar un tostón), las Jornadas de Puertas Abiertas parecen haberse convertido en el mejor momento para las relaciones sociales del año, sin contar el Carnaval. Imaginen el desembarco de miles de púberes cargados de hormonas en un recinto de esas características, plagado de universitarios y contaminado por el glamur que imprime lo desconocido.
La avalancha de bachilleres puso de manifiesto que al tranvía le faltan vagones: la parada estaba siempre a reventar
El resultado no puede ser otro más que una combinación explosiva de risillas, cruces de miradas, fotos de grupo en los pasillos (ya tendrán tiempo de quemarlas) y un poco de información sobre los estudios: seguro que hoy, pasada la visita, los alumnos siguen sin saber qué diablos estudiar.
Pero esta iniciativa funciona. Aunque sea para ir aprendiendo qué escaleras hay que subir para llegar al aula 2.1, que al tranvía le faltan vagones (la parada nunca se quedaba vacía), dónde están los baños de chicos y en qué lugar han colocado las máquinas de bollos.
Así que al final, al llegar a casa tras cuatro días aguantando al servicio de información, sus padres les habrán preguntado: "Qué, ¿ya sabes lo que vas a estudiar?" "No. Pero había uno en Historia del Arte que estaba buenísimo y cuando me quede a comer pediré la ensalada tropical".
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