Tenerife / Los Rodeos
Tenerife Sur
Ayer tarde maté un sargo. De más de un kilogramo de peso, picó esquivo, pero luchó como un jabato y supe darle liña y puntera para ir ahogándolo. La caña era la finita, y al carrete no le sonaba la chicharra. Cuando estaba fuera del agua, pendiente de un hilo, en lenta escalada risco arriba, el compañero de pesca trató de asir el nylon al tiempo que se partía y el sargo se fue al agua con el anzuelo en la boca, la plomada de tubo y arrastrando el roto cordón umbilical que nos unía.
Allí donde la isla pierde su noble nombre, donde los derrumbes te dicen cómo lame el mar. Y visto desde el mar, que ahora tengo mareo de tierra y se mueven la silla, la mesa y el teclado, aparte de la cabeza y el cuerpo entero, el cuerpo entero.
Los pescadores andan regalando pescadillas por las calles para protestar. No les gusta el alto precio que adquiere el género cuando llega al consumidor, sabiendo a cuánto se lo pagan a ellos. El abandono del anonimato de un pez que conviertes en pescado se debe principalmente al tamaño del ejemplar, la particular lucha entablada en su captura, por ser el primero de la temporada, lo exquisito que estuvo en el plato o porque se regala con gusto o se vende a buen precio.
publicado el 1 Diciembre, 2008 en canarias7.es (2) comenta
publicado el 2 Diciembre, 2008 en laopinion.es (0) comenta
publicado el 1 Diciembre, 2008 en elmundo.es (0) comenta