Si el herreño va a todas partes con su trapera a la espalda, el majorero utiliza la petaca. La trapera suele ser de lana virgen cardada e hilada en un telar tradicional. La mía, toda una joya artesanal, fue un regalo de doña Fernanda, la mujer más buena del mundo, incluso mejor que mi abuela paterna, doña Concha, a quien se le atribuía un sistema propio para contar perras, reales, perras chicas y hasta pesetas, que algunas cuentas en la venta de la calle del Calvario se abultaban hasta la rubia.
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No salgo de una para meterme en otra. Primero las romerías y luego las apañadas. Este sábado, están ustedes invitados, Pájara, acá en el exilio de la FuerteAventura, acoge la Apañada de Cofete: un centenar de pastores que baten valles y cumbres para encaminar a más de dos mil cabras por veredas y riscaderos hasta las arenas rubias de una de las playas más grandes del Archipiélago patrio.
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