Una de las ventajas de ser abuela es que puedes acompañar a tus nietos a ver todas las películas de dibujos animados que quieras sin que el intelectual de turno levante una ceja con aire displicente. En lugar de decir: “Mira tú ésta, tanto Nietzsche y tanto Schopenhauer y resulta que quien verdaderamente le gusta es Pinocho”, te miran con aire de “Paciencia y resignación, hija… Ser abuela es lo que tiene”. Así que tú, además de pasártelo de miedo viendo “Shrek” o “Ratatouille”, se te pone una cara de virtuosa muy edificante.
Leer más »
Nosotros, los niños de mi generación, los que ahora estamos ya jubilados, somos niños del cuento de la 1. En aquel tiempo en el que no había televisión, ni móviles, ni mucho menos Internet, la radio suplía con creces nuestro deseo de que nos contaran historias. Cuando salíamos del colegio a las 12 y media, corríamos a casa y escuchábamos el cuento de la 1 mientras nuestra madre nos ponía la comida.
Leer más »
Así nos llaman mis nietitos. A mí me hubiese gustado que me llamaran “abuelita”, que tiene tintes heidianos y como de cuento de Caperucita, pero mi hija, con la delicadeza que la caracteriza, me dijo que fuerte cursilada; y fueron los niños quienes al fin nos bautizaron, así que así nos quedamos. Mi marido incluso se hizo una foto en el letrero de Toto en Fuerteventura para que los nietos supieran que hay un pueblo que se llama como él.
Leer más »
A la Villa por verano nos trae hijos dinamarqueses el VBMP, en un gesto tan hermoso como gratificante: dos canarios del continente más en ese choque frontal de tres semanas con un idioma, unas gentes, las rabietas y las otras circunstancias (8 y 10 años, chica y chico, que no sé como se dirá en Dinamarca).
Son producto de la industria turística, de una dinamarquesa que vino, trabajó en el Sur de Tenerife, conoció a un recepcionista nativo y lo supo arrastrar a sus tierras del Norte.
Leer más »