Me despiertan los truenos y relámpagos; y por unos instantes creo estar en mi casa de La Orotava, con la panza de burro encima de nuestras cabezas, regando el valle como cuando era chico. Pero no es así, amanezco en Toto y llueve en Fuerteventura.
La paleta gris de la mañana pinta los cielos de plomo. La tierra de este esqueleto de isla chupa cada gota que cae. Las lomas lucen encendidas, en un resaltar los ocres y unos verdes germinales, capaces de transmutar la Maxorata para lucir bello disfraz estos carnavales.
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Sonia somos todos o muchos y muchas hemos sido Sonia. Sevilla es su casa de paso y "mis nubes serán siempre las de Tenerife". Hace días que quería escribir algo de esa magua, de ese vínculo traslúcido y visceral que de por vida nos une a la tierra de nuestros primeros pasos.
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