Yo elegí vivir aquí y me gustó siempre el invierno de La Laguna, pero cuántas veces lloré en los primeros años cuando llegaba julio y seguían los días grises con llovizna y niebla, como si estuviéramos otra vez en otoño. Parecía que el verano no iba a llegar nunca. No estaba acostumbrada y me pesaban esos días en el alma. Hasta que descubrí que traen sorpresa: se resuelven en azules mañanas deslumbrantes que no encuentras en ningún otro sitio. Así que, hasta que lleguen, a disfrutar del fresco.
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