Es una verdad universalmente aceptada que en este mundo existen seres intimidantes y de gran personalidad –Hitler, la señorita Rottenmeier, mi profesora de Literatura de 6º, Napoleón, mi tío abuelo Cándido…-, ante los cuales uno se acoquina y se trabuca. ¿Qué podemos hacer para vencer el apocamiento que estas personas producen? ¿Cómo verlas como lo que son, hombres y mujeres al mismo nivel que el resto de la humanidad, con virtudes –hasta Hitler las tenía-, defectos y miserias?
Yo siempre he sido muy de himnos, qué se le va a hacer. Me encanta ese tachántachán, que anima a cuadrarse, levantar la cabeza y andar erguida cantando a grito pelado como si estuviera marchando en un desfile. Y me gustan casi todos los himnos patrióticos, desde el nacional hasta la Internacional o la Marsellesa. Nadie es perfecto.
publicado el 13 Enero, 2012 en El Dia (0) comenta
publicado el 8 Diciembre, 2011 en La Opinion (0) comenta