Es tiempo de esperar a que baje la marea para quitarnos el pico infectado del erizo del mar de la crisis que tenemos clavado en la cuenta corriente. Es tiempo de liberar las monedas menudas del bote de los despojos y arrendar los cariños de las entretelas, que hoy cose hasta la vecina. "De mitad para arriba y hasta media marea", te diría Jaime Clemente si buscas morenas (de noche), sargos, lebranchos (lisas), fulas amarillas o palometones. "A cualquier hora", defenderán otros.
"Una característica del capitalismo en general es que la titularidad del capital se halla separada de la aplicación del capital a la producción; que el capital financiero está separado del capital industrial o productivo, y que el rentista que vive enteramente del ingreso obtenido del capital financiero está aislado del empresario y de todos aquellos que se encuentran directamente involucrados en la administración del capital.
La necesidad pone botas al gato y ahora escarbamos en el lado bueno de la crisis para ahondar en las tres erres, esas que resultan tan resolutivas: reducir, reutilizar y reciclar. Malo será que no veamos bueno lo que por mal viene. Bueno...
Ahora se lleva el chatarreo, el ir a los desguaces y buscar entre los despojos de un Polo estampado el elevalunas eléctrico, que viene del sur, donde la industria turística hace agostos en las aguas.
Todo esto del rescate europeo (ah, no, perdón, rescate no: “línea de crédito para nuestro sistema financiero”) tendríamos que haberlo adivinado tiempo antes, concretamente desde que oímos que Rajoy se fue de puente de mayo familiar con la empanada gallega en un taper. Él no habla ni explica nada, pero hace las cosas “como Diosh manda” (aunque no sabía yo la categoría divina de Ángela Merkel). Y la cultura del taper (españolizando la palabreja) como medida frente a la crisis es algo que todas las madres –también la de Rajoy- inculcamos desde siempre a nuestra prole.
Supongo que no hay nadie en este mundo que no conozca el chiste del cura que se sentía muy feliz con cosas tan sencillas como su cafecito y su rosario, y que terminaba al final diciendo: “¡Rosario! ¡Tráeme el café!”. En casa lo oíamos un día sí y otro también a mi padre porque mi madre se llamaba así y él era, como el cura, adicto a las dos cosas.
Aristóteles: “El hombre podrá superar las leyes escritas pero no las morales”.
Cicerón afirmó que “el voto del Senado no puede eliminar las normas éticas”.
Si este fuera el título de un derby deportivo, seria una buena noticia. Pero es el derby de la miseria en que nos han sumido entre unos políticos que no tienen las ganas de sacarnos de ella y unos banqueros que, ejerciendo toda la capacidad que le otorga el poder fáctico, trabajan a marchas forzadas para obtener esclavos.
Poco a poco, como si quisiera hacer así aún más mella, se ha instalado la tristeza. Una tristeza que avanza cada día ayudada por la prensa y por el miedo. Una tristeza que quita las ganas de protestar, aunque sólo sea por el mero hecho de decir: ¡Eh, seguimos aquí! ¡Vivimos y nos merecemos algo!
publicado el 13 Enero, 2012 en El Dia (0) comenta
publicado el 8 Diciembre, 2011 en La Opinion (0) comenta