Mi hijo y mi nuera se han ido a las Antípodas, a Nueva Zelanda, de luna de miel en plan caravana y pateos con mochila. Desde el otro lado del mundo me llegan –cuando hay cobertura- los dulces nombres maoríes: Te anau, Wanaka, Punakaiki, Kaikoura… Y también los sitios que van viendo: una cueva iluminada por luciérnagas, una playa donde se bañan los leones marinos, un río de aguas turbulentas en el que hacer rafting, un glaciar con veredas por las que caminar. “Es tan bonito como un sueño”, dicen.
Este título lo he tomado prestado de uno de los capítulos más memorables de “El hobbit” de J.R.R. Tolkien, sólo que adaptado al habla canaria, en la que usamos más “adivinanzas” que “acertijos”. En este capítulo Tolkien nos dice que los torneos de adivinanzas son sagrados y de una antigüedad inmensa, y el que se plantea entre Bilbo Bolsón, el hobbit, y el tramposo Gollum, lo es. Hallar la solución es, además, para Bilbo la llave para salir de la oscuridad literal de una cueva llena de seres malignos hacia la luz exterior.
publicado el 13 Enero, 2012 en El Dia (0) comenta
publicado el 8 Diciembre, 2011 en La Opinion (0) comenta