Tenerife / Los Rodeos
Tenerife Sur

Normalmente, cuando uno presencia una pelea entre dos conocidos suele intentar calmar a las partes o avisar a alguien para que lo haga. Éste no es el caso. En YouTube abundan los vídeos en los que menores de Tenerife testigos de una agresión permanecen impasibles contemplándola y grabando cada detalle. ¿Nos hemos acostumbrado a convivir con la violencia?

Todo ese tiempo tardó en llegar a los tribunales el caso relativo a una pelea entre dos jóvenes en Arona. En ella, uno de los implicados llegó a arrancar al otro un pedazo de oreja de un mordisco. El tribunal reconoce en la sentencia que tuvo lugar dilación indebida del proceso, tachando su duración de "excesiva". Aunque las partes no solicitaron que se tuviera en cuenta este hecho, los magistrados se vieron obligados a rebajar la pena en un grado.

Historias como ésta no son muy frecuentes. Roberto, un profesor de Secundaria destinado en el sur de Tenerife, fue víctima de una persecución por parte de dos vehículos desde la TF-1 hasta la zona del aeropuerto Tenerife Norte, un trayecto durante el que le lanzaron todo tipo de objetos. Comenzó cuando hizo indicaciones a uno de ellos, que no guardaba la distancia de seguridad, para que aminorara la velocidad. Al final, y tras provocar una colisión en Santa María del Mar, cruzaron sus coches delante del afectado y le propinaron una paliza.

Una alemana, residente en Tenerife desde hace 30 años, envió esta imagen sacada en Puntillo del Sol a la sección de fotodenuncias de la web de Greenpeace España. La acompañó de un comentario sobre la isla que es difícil que nos deje indiferentes: "Alguien tiene que frenar esta locura de la construcción".

El casco histórico de La Laguna ha sido empapelado con carteles denunciando una agresión a un joven por parte de dos mujeres vestidas de negro y armadas con bates de béisbol. Se supone que el ataque tuvo lugar en la calle Anchieta y que sus autoras dejaron en una pared una pintada que dice: "Ninguna agresión sin respuesta".

En las cárceles hay muros que no se ven pero existen. Con uno de ellos se ha topado un funcionario del centro penitenciario Tenerife II, que dos años después de ser agredido por un preso peligroso que debía estar aislado, busca las razones por las que se cometió el error que le ha costado la incapacidad. Toca puertas y no encuentra respuesta. La última, la del Defensor del Pueblo, al que la Administración tampoco da una explicación. ¿Por qué tanto silencio?

La camarera se negó a ponerle sólo dos hielos en la copa y a aumentar la dosis de alcohol. Y la clienta, en respuesta, la esperó en la puerta del baño para emprenderla a mamporrazos. Ahora, el juez ha enviado a prisión a la agresora.
publicado el 18 Noviembre, 2008 en elmundo.com (0) comenta
publicado el 13 Noviembre, 2008 en laopinion.es (1) comenta
publicado el 12 Noviembre, 2008 en La Opinión de Tenerife (0) comenta