Una de las ventajas de ser abuela es que puedes acompañar a tus nietos a ver todas las películas de dibujos animados que quieras sin que el intelectual de turno levante una ceja con aire displicente. En lugar de decir: “Mira tú ésta, tanto Nietzsche y tanto Schopenhauer y resulta que quien verdaderamente le gusta es Pinocho”, te miran con aire de “Paciencia y resignación, hija… Ser abuela es lo que tiene”. Así que tú, además de pasártelo de miedo viendo “Shrek” o “Ratatouille”, se te pone una cara de virtuosa muy edificante.
Tengo un primo médico, no “médico pago” sino del Seguro, que, aparte de un excelente profesional, es un hombre cabal y bueno, con la consulta siempre llena porque sus pacientes saben que él les dedicará el tiempo y el cariño que haga falta. Hace poco, una de ellos, una viejita de 90 años, le hizo el mayor homenaje que él podía esperar. Le dijo: “Ay, doctor, si por algo temo morirme antes que usted es porque me voy a perder su entierro. Tendrá que ser algo impresionante”.
Me la ha soltado un par de veces. Y cuando un vecino te suelta una frase como esa se supone que hay sintonía, que estás frente a alguien de principios y dispuesto a sembrar buena hierba en el mundo. La hierbabuena es aquella que le llevaban a la Jurado en su despedida, es la mata olorosa por excelencia, la que es capaz de brindar una infusión elegante, perfumada pero no en exceso, aromatizada hasta barnizar el gaznate con la frescura de un rocío recién ordeñado a una noche recién muerta.
publicado el 13 Enero, 2012 en El Dia (0) comenta
publicado el 8 Diciembre, 2011 en La Opinion (0) comenta