Tenerife / Los Rodeos
Tenerife Sur
¿qué es esto?
Estos portales, ajenos a lqpsntf, permiten al usuario compartir y valorar, entre otras posibilidades, los contenidos que encuentra en Internet. Para acceder a esos servicios hay que estar registrado.

El patio interior de la Casa de la Juventud del Puerto de la Cruz. / E.C.
Nos había llegado la invitación a casa, pero ya desde hace días sabíamos que ese día se iba a inaugurar la Casa de la Juventud del Puerto de la Cruz, por lo que se podían haber ahorrado mucho papel y esfuerzo. De hecho, llevábamos bastante tiempo esperando. Ya saben lo que se dice de esta ciudad del siglo XXI: "En lenguas del Puerto te veas". Pues eso, que la inauguración de este espacio corría de boca en boca en el instituto, en la calle y entre los colegas.
Así que aquella tarde del 23 de octubre abrió sus puertas la que suponía que iba a ser la casa de los jóvenes de esta ciudad de vanguardia, por lo que no podíamos perdérnoslo. Al llegar nos encontramos con un edificio con personalidad propia, muy atractivo por fuera (aunque muchos la prefieren de color verde). ¿Cómo habrían dejado su interior? La curiosidad nos comía y fuimos bastante temprano al acto de apertura. Los aparcamientos de la zona habían sido vaciados y los comerciantes permanecían en las puertas de sus negocios (ya que no se iba a vender un carajo, por lo menos se entretenían comentando el evento).
Ahí nos surgió la primera cuestión: ¿para qué tantos aparcamientos inutilizados con los problemas para aparcar que hay en el Puerto de la Cruz? Al final llegaron sólo cuatro o cinco coches con gente importante. Los demás, los del montón, tuvimos que acercarnos a pie. Y allí estábamos, detrás de todas aquellas autoridades, unas más conocidas que otras; todas ellas elegantes, sonrientes y sintiéndose muy jóvenes esa tarde. En ese momento pudimos comprobar la anchura que han dado a la acera delante de la casa, todo un acierto. Ahora falta que coloquen papeleras y un aparcamiento para bicicletas.
La verdad es que no sabemos qué estuvieron haciendo en la puerta, pues nos tocó detrás de todas esas personas vestidas como si fueran a una boda y no podíamos ver nada. Podían estar bendiciendo la casa, echando un rezado o rociándola con sal y sándalo para evitar las malas vibraciones (se notaba que algunas había). Allí estuvimos un rato hasta que por fin nos dejaron entrar. Las autoridades ya se habían colocado en los mejores sitios.
Y comenzó nuestra desazón, pues no dábamos crédito al mirar alrededor: sólo un 30 por ciento de jóvenes (muchos amigos se habían quedado fuera porque preferían volver otro día con menos alboroto). Empezaron los discursos. Una voz que no se sabía de donde provenía anunciaba a las personas que iban interviniendo como si fueran candidatas a un concurso. Lo que iban diciendo retumbaba en la sala, las mismas palabras vacías que repiten una y otra vez, no importa en qué lugar ni con qué motivo; frases prefabricadas y utilizadas vayan a donde vayan.
Lo peor es que entre tanto discurso bien podían haber dado la palabra a alguno de los jóvenes que durante todos estos años han estado al tanto de cómo iban las obras, que en tantas sesiones de trabajo han participado para aportar ideas, sugerencias y propuestas. Pero se ve que cuando se habla de de
participación no se incluye el ceder la palabra. Con estar invitados y poder aplaudir ya deberíamos contentarnos.
Y tras los discursos, llegaron las actuaciones. Estuvimos a punto de irnos, pero las piernas parecía que se nos habían bloqueado. ¿Dónde estábamos? ¿En una fiesta de final de curso de Primaria, en una gala de elección de la reina o en un festival de variedades? Los jóvenes del Puerto de la Cruz del siglo XXI no estábamos para nada representados. A lo mejor es que nos confundimos y lo que se inauguraba no era una casa de la juventud (espacio para la creatividad, la participación, la diversidad, la cultura, la formación, la educación en valores….), sino La Academia de Operación Triunfo.
El acto iba avanzando y nuestra depresión era cada vez mayor. Aquello no pintaba como habíamos imaginado. Abandonamos el espectáculo y subimos a examinar la planta alta. Todo estaba vacío, frío, aséptico y resultaba demasiado impersonal. Encima al bajar nos ofrecieron una copa. Como lo oyen, una copa de champán o cava pagada con dinero público, como las campañas de prevención del consumo de alcohol entre jóvenes. Y decidimos irnos.
De todas formas, no había que perder la esperanza. Seguro que las cosas eran así por tratarse del primer día, por los nervios, la falta de costumbre de inaugurar espacios para jóvenes, la tarde que fue lluviosa…. Al día siguiente, cuando ya se hubieran apagado los focos, se hubieran llevado las banderas y desmontado el escenario, empezaría a sentirse el verdadero espíritu de la Casa de la Juventud. Y entre todos los que teníamos ganas de ocuparla, de llenarla de proyectos, de ideas, de participar en todo lo que pudiéramos o nos dejaran, empezaríamos a llenarla de vida.
Pero si las cosas pueden ir peor, en el Puerto de la Cruz siempre lo hacen. Volvimos al día siguiente y este nuevo hogar de los jóvenes estaba cerrado a cal y canto. No había ni siquiera un cartel pidiendo disculpas, dando alguna explicación que tranquilizara un poco o anunciando una fecha próxima en la que pudiéramos acudir de nuevo. ¿Había sido todo un sueño? No, se trataba de una pesadilla de la que esperábamos despertar.
Copia este código para poner este contenido en tu blog o página web:
publicado el 8 Enero, 2009 en canarias7.es (0) comenta
publicado el 3 Enero, 2009 en laopinion.es (0) comenta
publicado el 2 Enero, 2009 en diariodelanzarote.com (0) comenta
Comentarios
Me parece horrible que no hayan incluido la participación de la gente joven en el acto de inauguración.
Escuché que el acto se había parecido a una fiesta de barrio pero pensé que era una broma, ahora al leer este artículo tengo que creerlo, es patético.
Muy bueno el artículo. Ya estamos hartos de tanta tomadura de pelo. En las temporadas previas a las elecciones se inauguran mil locales, edificios públicos, carreteras, cuando aún no están acabadas y listas para su uso, y ahora que no es tiempo preelectoral, también. Nos toman por tontos y en efecto lo somos, legitimándolos a cada nueva votación electoral.
Solo se que el miércoles, que fue cuando yo pasé por allí, estuvo abierto hasta las nueve y media de la noche.
Es un acto de desinformación y celebración un tanto extrañas
Escribe tu comentario
Normas