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Steve Mc Curry: arte y documento

  • Por Charo Borges
  • (vecinoreportero)
  • S/C de Tenerife, 30 Marzo, 2012, 13:12

Para muchos de nuestros lectores el nombre de Steve Mc Curry no les dirá nada, pero si les informamos de que es el autor de la fotografía de la niña afghana, de grandes y asustados ojos verdes, que fue portada, en 1985, de la revista National Geographic, y que dio la vuelta al mundo por su gran expresividad, es muy posible que sí sepan a quién queremos referirnos.

Desde que se entra en las salas de exposición de CajaCanarias y se dirige la mirada hacia las primeras imágenes que allí cuelgan, ya se intuye que se va a disfrutar de una obra de arte de enorme calidad. Son 101 fotografías de gran formato que sobrecogen por sus temas, su colorido y su fuerza. Tanto en los paisajes como en los retratos, McCurry demuestra su maestría de alto nivel. Cada una de sus fotografías es una lección de oportunidad, de sensibilidad y de extraordinario oficio. La penumbra creada en el espacio expositivo y el punto de luz que cae sobre cada instantánea contribuyen a reforzar lo que el autor transmite. En unos casos, costumbres y tradiciones; en otros, paciencia y esfuerzo; en unos cuantos, caos o serenidad; en casi todos, explotación y dominio. En su inmensa mayoría, denuncia. En todos, constatación de un universo muy real.

A pesar de que es muy complicado destacar algunas fotos sobre las demás, voy a tratar de justificar las razones que me llevan a decidirme por una, en particular: "Tormenta de arena", realizada en India, en 1983. Me parece un alarde de oportunismo mágico envuelto en una atmósfera amarillo-naranja que refuerza la presencia de un grupo de mujeres enfundadas en ropas y pañuelos rojizos que, de manera solidaria, forman un círculo para protegerse, unas a otras, de una tormenta de arena. El centro de interés visual coincide con el centro del espacio fotográfico y lo constituye el bloque formado por ellas. Las siluetas casi fantasmagóricas de unos árboles resecos, como fondo, contribuyen a transmitir la fuerza y unidad que proyecta el conjunto humano. Para romper la aparente simetría compositiva, el contrapunto de dos ánforas abandonadas en el suelo, que, en primer plano, aparecen cerca del ángulo inferior derecho.

Cada una de las fotografías es una lección de oportunidad, de sensibilidad y de extraordinario oficio

No es difícil oírle decir a McCurry que a él lo que le interesa y busca son historias que contar a través de una imagen. El color, la luz y la composición son componentes que no le preocupan en primera instancia. Pero la grandeza de este artista es que combina perfectamente el documento gráfico con todos los elementos que hacen buena o muy buena, a una fotografía. Todas tienen una gran carga estética, además de la intención social y humana que las inspira. Pakistán, Camboya, Afganistán, Indonesia, India, Filipinas, Japón, China, Birmania, Sri Lanka, Irán, Líbano, Irak, Nepal, Perú, México, la antigua Yugoslavia... son los escenarios a los que, a lo largo de más de treinta años, este laureado fotoperiodista vuelve y vuelve para captar la vida y la lucha diaria de sus gentes más sencillas y humildes. A través de sus potentes imágenes, el llamado mundo occidental tiene conocimiento de la tragedia, la miseria y, en ocasiones, la alegría y la dignidad con que pueblos tan lejanos y, a veces, tan olvidados, intentan vivir o, mejor, sobrevivir.

Quizá, Steve McCurry, junto a Sebastiao Salgado (Minas Gerais, Brasil, 1944), otro gran reportero gráfico (como se les llamaba en otro tiempo), sea el notario mayor de todas esas zonas desheredadas a las que, continuamente, él regresa como viajero impenitente, para dar fe, -con sus Nikon analógicas de los primeros tiempos y, actualmente, con una digital de la misma marca y de última generación-, de los momentos que, con su espíritu observador, su paciente espera y su sensibilidad, sabe atrapar como pocos.

Para finalizar esta breve crónica sobre un acontecimiento cultural de primer orden, quisiera aportar unos pocos datos sobre su protagonista. Steve McCurry nació en Filadelfia, en 1950 y, aunque estudió Historia y Cinematografía en la Universidad de Pensilvania, para dedicarse a hacer documentales, pronto descubrió que lo suyo era la fotografía. Comenzó a ejercerla en un periódico local, pero a los tres años se traslada a India. De allí, pasó a Afganistán para cubrir los primeros años de guerra, antes de la invasión soviética. También hizo la cobertura de los conflictos bélicos entre Irán e Irak, así como la de la Guerra del Golfo o la de Yugoslavia. Sus trabajos se han publicado en las revistas internacionales más prestigiosas, colaborando asiduamente con Times, Life o National Geographic, entre otras. Posee numerosos premios y distinciones, ha celebrado exposiciones de sus obras por todo el mundo, ha publicado varios libros con sus fotografías y sus propios comentarios y, desde 1985, es miembro de la agencia Magnum, una de las primeras cooperativas fotográficas fundada, en 1947, por reporteros de guerra tan universales como Robert Capa, Henri Cartier-Bresson o George Rodger, entre otros, para gestionar los derechos de sus propias producciones. Hoy tiene oficinas en París, Londres, Tokio y Nueva York, ciudad en la que vive actualmente el maestro McCurry.

Galería de fotos

P3260706_-_copia.JPGP3260698_-_copia.JPGP3260704_-_copia.JPGP3260705_-_copia.JPGP3270714_-_copia.JPGMcCurry_portada.jpgMcCurry_foto.jpgP3300717.jpgP3300722.jpgTormentaarena.jpgP3290714.jpg

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