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El chef Rogelio Quintero en pleno proceso de preparación de uno de los platos / LQPSNTF
La degustación incluía 16 platos elaborados con productos procedentes en un noventa por ciento del propio mercadillo de Tegueste, algunos de ellos confeccionados al momento, como las verduras y los pinchos, y tres consumiciones de vinos de las bodegas con D.O. Tacoronte Acentejo que participaron en el acto. La entrada costaba veinte euros y cada consumición adicional de vino costaba un euro.
Siguiendo la pauta que marca en sus libros de cocina canaria Rogelio Quintero, el maridaje con vinos de Tenerife fue el hilo conductor del evento.
El lugar elegido para la demostración tiene sus ventajas y sus inconvenientes: es un espacioso patio situado en un entorno agradable, pero carente de una iluminación adecuada para una muestra de estas características en la que la vista tiene mucha importancia, ya se dice que la comida entra por los ojos. Aquello parecía más bien una discoteca y probamos platos con los colores distorsionados y variables, como las caras de los compañeros de degustación. De repente un foco azul directo a los ojos nos deslumbraba o nos llevábamos a la boca un bocado de pescado de color verde esmeralda.
Estuvimos tres horas de pie, y no nos podemos quejar, porque tuvimos la suerte de encontrar un barril donde apoyar la copa para poder probar las especialidades; otros no llegaron a tiempo y se paseaban mendigando un rincón en uno de los barriles ocupados para tener una mano libre para comer. Además, tuvimos que hacer largas colas para conseguir las verduras, los pinchitos, y hasta el pan.
La comida, que era el punto fuerte del programa, estuvo muy bien: todos los platos tenían el toque de la tierra y sus sabores y texturas estaban muy equilibrados: probamos un potaje de trigo de la finca Los Zamoranos delicioso, una ensalada de queso y lentejas con germinados fresquísima, otra de pescado salado muy agradable, una mac cabra (mini hamburguesa de carne de cabra) perfectamente diseñada y sabrosa, unas aceitunas rellenas de mojo, presentadas en diminutas hueveras y muy ricas, verduras thai de la tierra en su punto, biobrochetas con mojo de almendras y pinchos tiernos y aromáticos. Los postres resultaron muy curiosos y típicos a la vez: dulce de guayaba con yogur de cabra, crema de plátano con galleta y piruleta de zanahoria.
En cuanto a los vinos, el mejor resultó ser el más premiado, como es lógico: el tinto de barrica de Marba, gran medalla de oro. Las bodegas participantes (Marba, El Lomo, Domínguez y Acevedo) ofrecieron una buena muestra de sus caldos.
En resumen, fue una interesante y grata degustación de productos de la tierra en un entorno agradable a la vista pero incómodo y con una iluminación inadecuada. Esperamos que el próximo año se repita corrigiendo estos fallos.
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publicado el 13 Enero, 2012 en El Dia (0) comenta
publicado el 8 Diciembre, 2011 en La Opinion (0) comenta