Detrás de cada piedra, de cada rincón, de cada paisaje de nuestras islas se esconde no una sino muchas historias y la que vamos a contar ahora tiene que ver con piratas, esclavos, plantaciones y la ambición de una familia.
El 9 de abril de 1902, un terrible incendio, quizá provocado, arruinaba casi totalmente la edificación más importante de Adeje. Sabemos con exactitud como fue en su momento de máximo esplendor por el dibujo que, en 1830, hace J.J. Williams con motivo de su estancia en la Villa acompañando a Sabino Berthelot. En el grabado aparece en primer plano una vista de las antiguas casas de la calle principal y al fondo la por entonces imponente imagen de la Casa Fuerte. Distinguimos su portalón neoclásico, y más atrás el bastión -que llegó a contar en los seiscientos con 17 piezas de artillería- y una especie de torre del homenaje. Una vista de hoy nos ofrece un triste espectáculo de abandono con la visión del esqueleto del techo de las que fueron antiguas dependencias.

Después del incendio quedan pocos restos, como los muros de la cocina principal y el portón de entrada, pero en el momento de su mayor auge, hacia 1766, la Casa Fuerte contaba, aparte del baluarte y la torre ya mencionados, con múltiples dependencias distribuidas en torno a un patio cuadrado central. Corrales y cuadras, portería, graneros, habitaciones específicas como la Contadoría y el Oratorio, habitaciones de los señores y la servidumbre, cuartos de costura y guardarropa, comedores, cocinas, despensas, herrería, lagar…y en el fondo norte, el ingenio azucarero, razón última de la existencia de la casa-fortaleza. Mención aparte merece el cuarto de los archivos, al que Viera y Clavijo denominó “tesoro de las Canarias”. La parte más importante de la documentación que poseía, hoy desperdigada, se encuentra en el Museo Canario de Las Palmas.
Afirma Nelson Díaz Frías en su obra La historia de Adeje de 1999, que la mansión “se convirtió (…) por espacio de más de trescientos años en el centro político, económico y social de la jurisdicción de Adeje, así como en el símbolo imponente de toda una era para adejeros y foráneos: la del régimen señorial de los Ponte.” Y es que la historia de la casa-hacienda es la historia de las sucesivas generaciones de miembros de dicha familia.
El mercader genovés Cristóbal de Ponte, que había financiado la conquista de la isla, recibió del Adelantado Fernández de Lugo tierras y aguas para destinarlas al cultivo del azúcar. Pero sería su hijo Pedro de Ponte y Vergara, regidor perpetuo de Tenerife, el fundador del Mayorazgo de Adeje en 1.567. Al mismo se debe igualmente la construcción de la Casa Fuerte en torno a 1.556 tras su solicitud de autorización al rey para usarla como medio de defensa ante los sucesivos ataques de los piratas y de la que fue nombrado Alcaide perpetuo con carácter hereditario.
La preocupación por los ataques piráticos no era caprichosa: las islas Canarias sufrieron en el siglo XVI multitud de ataques de piratas o corsarios berberiscos, franceses, ingleses y holandeses. Sirvan como ejemplo el ataque del corsario francés François Leclerc, apodado Pata de Palo, que saqueó e incendió el puerto de Santa Cruz de La Palma en 1553; o el holandés Pieter Van der Does, que en 1599 ocupa, saquea e incendia la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria. En esta incursión atacó también San Sebastián de La Gomera y Santa Cruz de La Palma.
La documentación de la estancia de los archivos, a la que Viera y Clavijo denominó "tesoro de las Canarias", está hoy desperdigada. Su parte más importante se encuentra en el Museo Canario de Las Palmas
Pedro Ponte fundamentó su poder desde los inicios en una economía basada en el cultivo y elaboración del azúcar en las tierras y el ingenio de su propiedad. Para conseguir trabajadores no dudó en mantener relaciones comerciales, más o menos clandestinas, con el corsario inglés John Hawkins, más conocido en las islas como Aquines, por medio del cual introdujo esclavos africanos para trabajar en la hacienda. En ese momento se llegaron a producir cien mil kilos de azúcar en cada zafra, que se exportaban a los puertos de Cádiz y Amberes.
Pero Pedro Ponte tenía otro objetivo, en el que la Casa Fuerte jugaba un papel primordial: convertir Adeje en su señorío jurisdiccional. Esto suponía que el señor de Adeje ejercería la justicia en primer grado y podría nombrar a las autoridades locales, lo que no era comparable a ser un señor feudal medieval, pero se le asemejaba bastante.
Pedro Ponte no consiguió su meta, pero un descendiente suyo compró al rey el señorío en 1655 y en 1666 fue nombrado Marqués de Adeje. La población de la villa, compuesta por aborígenes, esclavos negros, colonos y otros trabajadores libres se convirtió en dependiente de la autoridad de la familia Ponte. Incluso los repobladores con tierras propias se vieron obligados a plegarse ante su autoridad o abandonar el lugar. En 1664, Mariana de Ponte Castilla se casó con Diego de Herrera y Guzmán, conde de La Gomera y señor de El Hierro, lo que engrandeció a la familia en títulos. En 1776, falleció sin descendencia el último marqués, por lo que títulos y rentas pasaron a los marqueses de Bélgida condes de Sallens residentes en la Península. El actual marqués de Adeje, es Nicolás Cotoner y Martos.
La Casa Fuerte quedó en manos de los administradores nombrados por sus propietarios absentistas y en 1902, el mismo año del incendio, pasó a ser propiedad de la compañía frutera británica Fyffes. En la actualidad sigue siendo de propiedad privada. Fue declarada Bien de Interés Cultural en 2007.
Comentarios
Otro excelente e interesantísimo artículo. Entiendo que en su momento se abandonara después del incendio, pero más de 100 años después, y con el dinero que ingresa Adeje por turismo y licencias de construcción, es inexplicable que no se rehabilite esa edificación y se le de un uso público.
Enhorabuena. Muy bueno el reportaje. Me pregunto si sería posible rescatar el edificio como equipamiento cultural o algo parecido. El sur no está sobrado de atractivos de este tipo.
Supongo que no es fácil. El edificio es de propiedad privada y habría
que comprarlo. Y no sé si habrá perras con tanta carretera y tanto
puerto de Granadilla.
Gracias por la píldora cultural ;)
Mientras se pueda...a mandar.
¡Bravo! ¡Bravo! ¡Bravo!
Gracias por ese entusiasmo no sé si merecido. Seguiremos en la línea.
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