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Un héroe de verdad

  • Por Charo Borges
  • (vecinoreportero)
  • Santa Cruz de Tenerife, 17 Diciembre, 2011, 15:04
  • Crónica

A la palabra héroe le ocurre lo que a las palabras maestro o genio. De tanto aplicarlas a personas y situaciones que están muy lejos de responder al verdadero concepto de cada una, las hemos ido gastando, agotando y, en definitiva, maleando su significado. Son palabras, entre otras muchas, que en la actualidad se suelen adjudicar a futbolistas, motoristas, toreros, tenistas y otros personajes de diversa procedencia y de los que, a veces, parece que la paz del mundo y la solución de todos los problemas vayan a depender de ellos... o casi.

Pero no es de genios ni de maestros de quien queremos hablar hoy aquí. Es de héroes verdaderos, de esos que define, - por cierto, de un modo muy machista - la Real Academia Española de la Lengua como "varones ilustres y famosos por sus hazañas y virtudes". De esas hazañas y virtudes que constituyen el heroísmo y que, a su vez, es "el esfuerzo que la voluntad realiza con generosidad suprema y lleva a determinadas personas a hacer actos extraordinarios como servicio a sus creencias religiosas, al prójimo o a la patria". Son estas acepciones de héroe y heroísmo las que han hecho que rescatemos del pasado a una gran figura de pequeño tamaño y muy poca edad. Se llama José Manuel Díaz Sosa, más conocido como Chachito, en el barrio marinero de San Andrés, donde nació. Pertenecía a una familia de origen humilde, formada por sus padres, Teodora y Manuel, y tres hermanas más siendo él, el benjamín. Su historia es una historia de amistad, valentía y generosidad, mucha generosidad y, quizá, sea éste un momento adecuado para recuperar lo que hizo aquel niño un verano de los años 60.

Eran finales del mes de Julio de 1964. La vivienda de Chachito se encontraba frente al modesto dique de San Andrés y él solía jugar entre una y otro. Una tarde, se acercó al borde del muellito y observó que a su amigo José García Afonso, alguien lo empujó, seguramente sin querer, y cayó al mar. El pequeño José Manuel sabía nadar y sin pensar en que sólo tenía 7 años y se encontraba vestido, se lanzó al agua en busca de su amigo, que tenía dificultades para respirar y no lograba mantenerse a flote. A duras penas, porque Pepe (como él lo llamaba) era un año mayor y tenía más peso y tamaño, lo agarró para que no se hundiera y con la ayuda de quienes se percataron de lo que pasaba, consiguió salvarlo y salir los dos del agua, sanos y sin mayores problemas.

El comunicado que emitió la Guardia Civil de entonces, certificó, entre los detalles de lo sucedido, "el heroísmo del niño y la evidencia de su bravura, inteligencia y nobleza" .Todos los medios de comunicación nacional se hicieron eco de la gesta de Chachito, que le valió, además, formar parte de la Operación Plus Ultra.

La Operación Plus Ultra premiaba a 16 niños y niñas, de cualquier rincón del mundo y de procedencia modesta, que se hubieran distinguido por haber realizado algún acto heroico.

Esta Operación premiaba a 16 niños y niñas, de cualquier rincón del mundo y de procedencia modesta, que se hubieran distinguido por haber realizado algún acto heroico. La idea nació en la Cadena SER, a partir del año 1963, y esta emisora, junto con las Líneas Aéreas Iberia y la Confederación Española de Cajas de Ahorros, patrocinaron y organizaron todo lo que suponía la citada Operación. Las propuestas para ser elegidos las hacían los párrocos o los maestros, que solían ser los que conocían mejor la situación y la gesta de cada niño. Elaboraban un informe resaltando los valores y cualidades personales de cada uno y un jurado seleccionaba los 16 casos que consideraba más ejemplares. Se mantuvo hasta los primeros años 80. >

Chachito resultó ser el más joven de los nueve varones que integraron su grupo de 1964, siendo una niña, que tenía un año menos que él, la más pequeña de aquella convocatoria. En ese año, procedían de Alemania, Portugal, Bata, Reino Unido, Italia, Francia y España. Los premios a sus conductas eran becas para sus estudios, regalos de ropa y juguetes, recorrer varias ciudades de España y ser recibidos por el Jefe del Gobierno del momento, y por el Papa. Nuestro ilustre paisano conoció al General Franco en la recepción que les dio en su residencia gallega, donde se encontraba de vacaciones. Allí les impuso la Medalla al Mérito Civil. Luego, serían Madrid y Roma los lugares visitados y en Castelgandolfo, localidad próxima a la capital italiana y en la que los pontífices católicos pasan los meses del verano, les recibió el Papa Pablo VI, que, según cuentan las crónicas, charló con todos y cada uno de los muchachos distinguidos, entregándoles, además, una medalla conmemorativa del encuentro. Todo aquel periplo se proyectaba después en todos los cines del país, dentro del NO-DO, acrónimo de las palabras noticiario y documental, que era de obligada visión, antes del pase de las películas durante los años franquistas y que se extinguió, por ley, en 1980.

Conocí personalmente a Chachito y lo recuerdo como un crío vivaracho y curioso, al que le sorprendía y azoraba lo que estaba ocurriendo con su historia. Todos querían hablar con él para saludarle o entrevistarle. Y son, precisamente, aquellas entrevistas las que hoy me han permitido recuperar la hazaña de José Manuel y contarles quién fue y lo que hizo aquel pequeño gran hombrecito.

Desconozco si continúa en su barrio marinero o si se dedicó a lo que más le gustaba: el campo y la agricultura. O si, por el contrario, siguió los pasos de su padre, pescador nacido y hecho en Candelaria, y se hizo hombre de la mar también. Quizá, se metió a cura para salvar a Dios si se ahogaba, como le dijo a Pablo VI cuando le preguntó qué quería ser de mayor...

En definitiva, los héroes de hoy suelen ser deportistas y los de antes, niños y jóvenes como Chachito, con vidas anónimas y sencillas que, por su gran corazón, eran capaces de salvar vidas en el mar o en la tierra, estudiando y cuidando a padres ciegos, hermanos inválidos o madres enfermas. Eran otros valores y, por ello, otra clase de héroes. Que sirva esta crónica de recuerdo y homenaje a Chachito y a todos los que fueron como él.

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me parece mentira ke para poder poner un chiringuito de castañas,para la comision de fiestas de un barrio te pidan darte de alta

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