A mi hermano Agustín
Desde los diez años mi infancia transcurrió en la Plaza del Cristo, en La Laguna. Allí jugué con mis amigos, allí aprendí a montar en bicicleta, me enamoré por primera vez –sin ser correspondido- y sentí la inmensa libertad de jugar en la calle. Era una plaza muy distinta a la de ahora: una enorme explanada de tierra apisonada que en invierno se llenaba de charcos como mares, en los que nos metíamos con nuestras botas de agua. Estaba rodeada de unos hermosos árboles dignos de un bosque ancestral que después supe que eran olmos. En el centro se levantaba un templete que todos conocíamos como "el pabellón".
En su entorno se desarrollaron nuestros juegos, en una de sus rampas probamos el resultado de nuestra primera fabricación casera de pólvora y desde allí veíamos a los soldados del cuartel de artillería haciendo prácticas de telefonía con unos aparatos de madera con cable y beo que en los tiempos actuales de móviles y bluetooth nos darían risa.
La plaza era nuestra todo el año, pero sobre todo en las vacaciones. Al final de cada verano comenzaba la instalación de arcos de madera con banderas españolas –al parecer en aquella época no había otras- que nos anunciaba que la plaza se adornaba para las fiestas del Cristo. Durante unas semanas se hacían dueños de la enorme plaza los cochitos locos, las casetas de tiro, una encantadora y diminuta noria para los más pequeños pintada de colorines y movida a brazo por los feriantes, los caballitos, las tómbolas y los ventorrillos que llenaban las noches de fiesta de olor a carne de cochino. Y cada 14 de septiembre esperábamos excitados el gran espectáculo de los fuegos del Risco, los de la plaza y, sobre todo, la espeluznante traca final.

Pero un día cuatro tractores derrumbaron nuestro querido pabellón. Corrían los primeros años sesenta y el por entonces alcalde de la ciudad, Ángel Benítez de Lugo, emprendía las obras que tranformarían este espacio. Al finalizar éstas apareció una plaza reluciente, toda embaldosada de color blanco, rosa y gris, y, en el centro, una gran fuente luminosa que funcionaba los viernes –día de visita obligada al Santuario del Cristo-, los domingos y en las fiestas. Los viejos árboles parecían mirar asombrados los tiempos modernos que se avecinaban.
El del palmero Gimbernat era un proyecto curioso que incluía una torre con reloj, un parking y conservaba los olmos. Ana Oramas, elegida ese mismo año, no asumió el resultado del concurso
De esta plaza recuerdo las noches de verano, pues nos dejaban salir hasta un poco más tarde cuando apretaba el calor. Recuerdo sus bancos de piedra donde tantas y tantas conversaciones de adolescentes tuvieron lugar, donde por primera vez tuvimos amigas y medias novias. Una noche oí en uno de ellos tocar a la guitarra "La chica de Ipanema" a Manuel Luis Medina El Minuto, acompañado de un coro de grillos.
Nos fuimos haciendo mayores y los amigos fuimos cogiendo cada uno su camino, hasta que años más tarde pude volver a vivir en la misma plaza que habíamos dejado y ver cómo mis hijos la disfrutaban tanto como yo lo había hecho.
A finales de los noventa, durante el mandato del alcalde Elfidio Alonso, comenzó una especie de locura que transformó radicalmente nuestra plaza. Se llevó cabo un concurso de ideas para su remodelación que ganó en 1999 el arquitecto palmero radicado en Barcelona J.A. Gimbernat. Era un proyecto curioso que incluía una torre con reloj cerca de la entrada del Santuario y un aparcamiento en el subsuelo. Sin embargo, conservaba los antiguos árboles. Ese mismo año fue elegida alcaldesa Ana Oramas, quien no asumió el resultado de este concurso, por lo que quedó en el olvido.
No obstante, el interés de la iniciativa privada de hacer un aparcamiento subterráneo hizo que se le encargara otro proyecto de remodelación al arquitecto Pedro Domínguez Anadón, que se llevó a cabo y que supuso la desaparición de la fuente y su sustitución por cuatro enormes postes de acero corten –rumbrientos, dijo la voz popular- que fueron denominados inmediatamente el mamotreto, la silla enterrada al revés o la banqueta sin acabar. Se puso un alumbrado escaso para el tamaño de la plaza, lo que ocasionó que por las noches resultara algo tétrica. Pero lo más grave de esta remodelación fue la alevosa tala de nuestros árboles, que se justificó con la excusa de que estaban enfermos y presentaban un supuesto peligro de rotura y derrumbe de ramas, pero que muchos pensamos se debió a que la enorme extensión de sus raíces dificultaba la obra del aparcamiento subterráneo. Los viejos olmos se sustituyeron por jóvenes tilos.
En los años siguientes vivimos una plaza “vacía y desertificada”, en palabras de Javier Ruiloba. Pero el año pasado se produjo el penúltimo episodio de la historia de nuestra infortunada plaza. La ruina, no sabemos si fortuita, ocasionada en el mercado de la plaza del Adelantado por las obras de los juzgados laguneros, obligó a buscar un lugar alternativo y se decidió instalar en la Plaza del Cristo una carpa provisional que ocupa casi toda su mitad oeste. Los vecinos de la zona llevaron a cabo un movimiento en contra del mercado que todavía continúa, pues la presencia de la instalación ha variado sustancialmente los usos urbanos de nuestra plaza.
Su futuro es incierto. Al parecer está aprobada la construcción en un solar próximo de un centro de salud, se quiere hacer la permuta de los terrenos del cuartel de Artillería para destinarlo a uso público y se habló incluso de la instalación en dicho cuartel de la Facultad de Educación. Parece ser que se pretende relanzar la zona como espacio de caractér administrativo y sociocultural para aliviar el centro de la urbe. Así, habría que añadir a lo ya citado la ubicación de oficinas municipales y otros servicios. Se está hablando de sustituir de nuevo los jóvenes tilos por olmos, como antes.
Ahora, cuando se acercan de nuevo las fiestas del Cristo, se nos plantean algunas dudas: ¿habrá traca este año tan cerca de la carpa del mercado?, ¿dónde se ubicaran las atracciones y los típicos ventorrillos? Cuando escribimos estas líneas, unos operarios estan arrancado los cuatro postes metálicos porque dificultan la instalación del escenario para las fiestas. Es el reino del despilfarro.
En cualquier caso, queda ya sólo para el recuerdo la plaza que fue y no volverá, pero también la que pudo ser y no han querido que sea.
Comentarios
Las fotos antiguas son un tesoro, realmente el entorno era bonito y confortable, muy diferente a ahora. Los cambios han ido a peor sin duda... los adoquines de ahora dan un aspecto lugubre y triste y esas 4 columnas... menos mal que las han quitado. ¿Pero alguien sabe que función tenian esas columnas oxidadas? No me gustaría pensar que tenian una función decorativa, no creo que haya nadie con tan pésimo gusto...
Gracias Melchor por tu crónica. La Laguna tiene título de patrimonio de la humanidad pero parece que no cumple con los espacios públicos que han sido declarados. Requisitos indispensables deben ser preservar, conservar y proteger para generaciones futuras. El ejemplo de la plaza del cristo es uno más de tanto que está sufriendo la laguna, habrá que pensarse si esta ciudad cumple con los criterios...
Que pena!! Lo que ha sido la Plaza del Cristo y lo que es.... Por lo menos ya han quitado esos 4 hierros horrorosos. Espero que algún dia recobre aunque sea algo de lo entrañable que era antes. Para empezar deberian quitar el mercado de alli y poner más arboles porque aquello es una explanada que da miedo cruzarla.
Perfecto!!
Gracias por la explicación.
Salud!!
Hablando de las manzanas olvidé decirte que el reportaje es muy interesante y entrañable. A ver si esta vez se piensan bien lo que van a hacer con esta plaza tan querida porque viendo la evolución en las tres fotos seguidas da hasta miedo.
..."de telefonía con unos aparatos de madera con cable y beo que en los tiempos actuales de móviles y bluetooth nos darían risa"...
¿Qué significa "beo"?...¿te refieres a algún material que junto a la madera conformaba esos aparatos de telefonía rudimentarios?, ¿o simplemente quisiste decir "veo" y lo pusiste con "b"?...
Salud!
Beo es una expresión canaria de origen portugués o gallego que hoy, como tantas otras, está en desuso lamentablemente. Su equivalente sería manubrio o manivela (Ver el Tesoro Lexicográfico del Español de Canarias) y fue muy común hasta hace algunos años. Antes se utilizaba para las manivelas que arrancaban los coches y era muy frecuente la expresión darle al beo para indicar machaconería o pesadez. Los teléfonos de campaña a los que me refiero, tenían en uno de sus lados un beo (o manivela) que servía para cargar la batería y poder hacer las llamadas.
Yo recuerdo también otras manzanas en las fiestas del Cristo. Las noches de la víspera y del Cristo, y también en la octava, llegaban mujeres de Aguagarcía que se instalaban en la esquina de Tabares de Cala con sus delantales y cestas de mimbre llenas de enormes manzananas reinetas. Recuerdo el olor y el tacto áspero de esas manzanas.
La Plaza del cristo no fue "mi" plaza pero mis padres no faltaron casi nunca a la cita de las fiestas del Cristo y viví desde pequeña el ambiente que tan bien retratas: la procesión, los fuegos, los ventorrillos y unas manzanas acarameladas que no se acababan nunca. Todos tenemos una plaza entrañable en nuestro pasado. Gracias por acercarnos a la tuya y a la de muchas generaciones de laguneros.
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