
Dios los coja confesados, porque la cosa curtural se está desmadrando. Por un lado el escandaloso escándalo escandaloso de la II Bienal, al que además del cruce de acusaciones entre el viceconsejero de Cultura, Alberto Delgado, y del anterior co-director de la misma, Octavio Zaya, se ha sumado ahora una manada de personajes y personajillos que, amparados desde sus respectivas atalayas mediáticas, no paran de señalar a los que han pedido precaución ante las denuncias razonadas de Zaya ni de loar la gestión de Delgado, que me consta que es un hombre bueno pero equivocado. O mal asesorado.
El patio curtureta está agitado también por las jornadas en las que a partir de hoy se intentará "vender" a los empresarios de las islas las posibilidades del sector audiovisual en Canarias. Y hasta ahí todo bien, aunque la mano negra que está en la sombra sea pues eso, una inquietante mano negra que sí sabe vender.
Lo de estas jornadas tiene miga, porque quién está detrás de todo esto es un tipo muy listo (al César lo que es del César) y podría venderle hasta neveras a un grupo de esquimales despistados en el Ártico. El sujeto, ya lo hemos dicho, se llama Mora, Vicente Mora, y si bien aplaudimos la iniciativa, o las jornadas, no deja de preocuparnos cómo a tan nacionalista gobierno le comen tan bien el coco sujetos venidos de la Península cuyo currículum, además de mínimo, es sospechoso. Ah, ellos sabrán.
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