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Reconstrucción infográfica del lugar que ocuparía hoy la laguna de la ciudad de Aguere. / Guille Padilla
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Todavía hoy a algún turista despistado que visita la ciudad y pregunta dónde está el antiguo lago, se le puede contestar con los versos de Quevedo que alguien parafraseó: "Buscas en La Laguna la laguna, ¡oh, peregrino! Y en La Laguna misma laguna no hallas…". Esa laguna ya no existe, pero sabemos por los documentos históricos cuáles fueron su ubicación y sus características.
Los aborígenes la llamaron Aguere (a-garaw: gran superficie de agua), pero la primera referencia histórica nos la da el ingeniero cremonés Leonardo Torriani, enviado por el rey Felipe II para analizar y mejorar en lo posible las fortificaciones de las islas Canarias. Escribió Descripción e historia del reino de las Islas Canarias (1588), una fuente fundamental en la que describe las islas, sus principales poblaciones y su historia, además de aportar datos y planos para sus fortificaciones. En su obra aporta el único plano de la ciudad en el que aparece el lago. Lo describe así:"Se forma por la reunión de las aguas de los montes circunvecinos, se llena por medio de un riachuelo que viene desde el norte, y se desagua por otro que corre en dirección del levante. Tiene poco fondo, y durante el verano a menudo se seca completamente. Es muy útil para el ganado que pasta en su alrededor, en número infinito. Para los que tiran el arcabuz es un verdadero deleite, por la diversidad de los pájaros y animales que viven en ella; tanto más, que está muy cerca de las casas, de modo que resulta útil y agradable, sin cansar y exigir mucho camino". Nos dice también que tenía poco fondo y que su perímetro era de unos 1880 metros (2700 pasos andantes).
El profesor Criado, de la Universidad de La Laguna, en su interesante Breve e incompleta historia del antiguo lago de la ciudad de San Cristóbal de La Laguna, publicada en 2002 y hasta ahora el trabajo más completo sobre el tema, establece la profundidad máxima del lago en torno a los 0,80 metros. A finales del siglo XVI, el viajero inglés Sir Edmund Scory nos dice que la ciudad "toma su nombre de un gran lago o pantano que tiene cerca, hacia el oeste, en el cual se hallan de ordinario gran número de pájaros de río de diferentes especies". A partir del siglo XVII los distintos autores que la describen -Núñez de La Peña, Castillo o Glas- insisten ya en que se secaba en verano, por lo que debemos suponer que se trataría de un pantano o humedal cuyo volumen de agua dependería no de los aportes de los nacientes del monte de Las Mercedes, sino exclusivamente de las lluvias invernales.
Paulatinamente fue desapareciendo y en el plano del teniente coronel Amat de Tortosa, que copia en 1779 el marino francés M. le Chevalier Isle, ya no aparece ninguna superficie de agua. En 1837, ingenieros militares drenan y nivelan el llano, lo que supone la desaparición de la laguna como tal.
Saber donde estuvo es todavía sencillo. Desde las montañas que circundan la ciudad se puede apreciar una mancha de vegetación que ocupa el lugar de nuestra laguna. Su perímetro viene marcado por las calles Silverio Alonso, Lucas Vega, Marcos Redondo, Paseo Oramas hasta el Estadio de La Manzanilla, Alfredo Kraus y Concepción Salazar hasta el Camino Largo. Una de las calles que iban a dar al lago, Rodríguez Moure, recibe todavía el nombre popular de calle Remojo, evidentemente por las inundaciones que provocaban las subidas de nivel del agua.
Una reconstrucción infográfica (imagen principal) nos permite situar la laguna en una fotografía aérea y cómo sería la ciudad si todavía existiese el lago. La laguna ya no está, pero la naturaleza no se rinde fácilmente y, en muchas ocasiones, el agua ha vuelto a ocupar el espacio del que fue desalojada. Sólo en el siglo XX, en 1922, 1950 y en 1977, lluvias torrenciales ocasionaron que por unos pocos días, volviera del pasado el recuerdo del lago que dio nombre a la ciudad. Las obras emprendidas por el primer ayuntamiento de la democracia, que presidió el pintor Pedro González, sirvieron para sanear la red de evacuación de aguas por los barrancos de la ciudad, por lo que el peligro de inundaciones ha disminuido mucho. Pero la Naturaleza es persistente.
Nota de la redacción: el vecinoreportero autor de esta información expresa su agradecimiento a Adrián Alemán de Armas por facilitarle la fotografía de la inundación de La Laguna en 1977.
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