Durante la campaña para las últimas elecciones locales, celebradas en mayo de 2007, Miguel Zerolo (CC) prometió que convertiría Santa Cruz en una "ciudad wifi". El alcalde dijo que montaría una red inalámbrica para que todos los vecinos, especialmente los jóvenes y los de rentas bajas, pudieran conectarse a internet de forma libre y gratuita. También lo prometió el que luego se convirtió en su teniente alcalde y concejal de Hacienda y Fiestas, Ángel Llanos (PP). Casi un año después nos preguntamos qué fue de todo eso, y el resultado es tan decepcionante como asombroso.
Antes que nada conviene aclarar que los ayuntamientos no lo tienen fácil para ofrecer wifi gratis, pues la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones (CMT) considera que eso atenta contra la libre competencia del sector. Es decir, sostiene que sufragar ese servicio con dinero público perjudica a las compañías privadas, que no lo pueden prestar a coste cero (lo dejó claro en un informe de 2005 que difundió la prensa). Ahora bien, también es cierto que algunos municipios han cumplido con las condiciones que exige el organismo regulador para no dañar a las operadoras o han apoyado soluciones alternativas, como las redes libres o wireless, para facilitar puntos de acceso a internet gratuitos. Esta segunda opción está funcionando ya en un montón de ciudades peninsulares.

Sin embargo, en Santa Cruz no se intentó nada de eso sino que se apostó por la multinacional Fon. Eso fue lo que explicó seis meses después de las elecciones la concejal de Nuevas Tecnologías, Begoña Ortiz, quien anunció que el Ayuntamiento regalaría los routers que comercializa esa empresa de telecomunicaciones. Las declaraciones quedaron recogidas en un periódico local. También el alcalde Zerolo mencionó a Fon en algunas intervenciones públicas.
Mucho antes de eso, la primera experiencia de implantación de ese sistema la puso en marcha el Ayuntamiento de Málaga, que recibió un aluvión de críticas de los expertos del sector. Éstos manifestaron en varias webs tecnológicas de las más influyentes del país (Error 500, por citar una) que Fon no era la opción adecuada para una iniciativa pública con vocación de prestar un servicio libre y sin coste para el ciudadano. El razonamiento es, en lo esencial, el siguiente:
- No es una red gratuita. El particular que decide voluntariamente adquirir un router de esa compañía (comercializado bajo el nombre de fonera) se compromete a compartir una parte de la conexión de su domicilio, que ya le paga a su proveedor habitual de internet (es importante no olvidar esto), a cambio de poder utilizar, en donde esté disponible, la señal que también ponen en común otros usuarios como él.
- Los no abonados que quieran acceder a la cobertura que proporcionan las foneras deben pagar.
- El router básico cuesta 14,95 euros y el especial 39,90. En caso de que el Ayuntamiento de Santa Cruz los regalara su contraprestación sería hacerle publicidad y ampliar el negocio de una empresa que, como tal, se rige por los principios de la rentabilidad económica.
En consecuencia, y sin minusvalorar las bondades, que las tiene, de la operadora montada por el emprendedor argentino Martín Varsavsky, lo cierto es que Fon no es una red libre, universal y gratuita. Sus objetivos, por tanto, no encajan con los de una institución pública que quiere contribuir de forma altruista a la alfabetización digital de los jóvenes y las familias con menos recursos. No hay que olvidar que para activar la fonera que me entregaría Zerolo tendría, primero, que disponer de una conexión a internet en mi casa, y, segundo, estar dispuesto a ceder parte de su ancho de banda.
Si llamas al servicio municipal de atención al ciudadano preguntando dónde regalan las foneras, te responden con algo parecido a un "no sabe no contesta"
Y ahora viene lo bueno. ¿Qué ha pasado con todo esto en Santa Cruz? Pues que si consultas el mapa de cobertura de Fon resulta que el Ayuntamiento tiene instalados al menos 18 routers en sus edificios y oficinas (en la foto de arriba tienes la localización de algunos). Lo curioso es que, según el sentido de los indicadores, cuando el círculo está en rojo quiere decir que el aparato está encendido. Pues bien, si echas un vistazo verás que normalmente hay varios puntos municipales activos, pero si te vas a la calle y te arrimas a uno de ellos con un pc portáil no aparece ni una señal de Fon, por mucho que te rompas el dedo actualizando el buscador de redes inalámbricas.
Aún más curioso es lo que te dicen si llamas al servicio de atención al ciudadano (en este digital hemos hecho la prueba) preguntando dónde regalan las foneras y qué requisitos hay que cumplir. La respuesta inicial se parece mucho al "no sabe no contesta" y, si insistes, consultan el asunto y te acaban asegurando que el servicio "todavía no funciona". ¿Y para cuándo estará? "No hay fecha".
¿Para qué quieren esas 18 foneras? ¿Sería justo que el Ayuntamiento compartiera las líneas de internet de sus oficinas sólo con los clientes de una multinacional privada?
Lo dicho, lo que iba a ser una ciudad wifi ha acabado, de momento, convertida en una Zerolo-Fon.
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