Tenerife / Los Rodeos
Tenerife Sur
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El tranvía entre Santa Cruz y Tacoronte enfila, en 1934, la curva de Gracia. / LQPSNTF
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Ahora que se ha hecho cotidiana la imagen del nuevo tranvía que circula por Tenerife uniendo Santa Cruz y La Laguna, debemos recordar que ya existió uno anterior que durante casi sesenta años –desde 1901 hasta finales de los 50- recorrió de forma incansable el trayecto que lo llevaba desde el puerto de Santa Cruz hasta Tacoronte, donde hoy todavía el nombre de un bar recuerda su presencia. Tenía su base en La Cuesta, donde se encontraba la vieja central eléctrica y las cocheras, en el lugar donde hoy se halla el nuevo centro multifuncional, en el que todavía sobrevive la chimenea de ladrillo de 35 metros de altura de las viejas instalaciones.
De su dilatada historia en nuestra isla nos ha dejado muchos testimonios fotográficos en los que podemos apreciar la importancia que tuvo para la vida de los tinerfeños de aquellos años. En un precioso artículo periodístico, El tranvía, publicado en el Diario de Avisos y posteriormente recogido en el libro A orillas de La Laguna, Leocadio Machado nos describe las sensaciones que, en su juventud, le transmitía aquél medio popular de transporte. Para el escritor, en el tranvía podías viajar al son de la isla por la parsimonia del lento arrastrarse de los vehículos por los caminos de Tenerife. Añora a las lecheras que todas las mañanas se dirigían desde los valles hacia la ciudad de Santa Cruz portando las cestas con los cántaros de leche para su venta diaria. Aquellos viejos coches dejaron paso, pues era el signo de los tiempos, a las flamantes guaguas rojas de la denominada Exclusiva, la antecesora de la actual Titsa.
Muchos incidentes marcaron la vida de este medio de transporte, pero sobre todos destaca uno, por su carácter trágico, que sacudió la sociedad canaria de ese tiempo. Tuvo lugar la tarde del sábado, 1 de septiembre de 1934. Al día siguiente los periódicos recogían la noticia del atraco que había sufrido un tranvía en la Curva de Gracia. Seguimos a partir de aquí el relato que hace el redactor del periódico La Prensa.
Serían las 20,30 horas cuando el conductor Antonio Guerra se dirigía con el tranvía número 15, desde La Laguna a La Cuesta, para terminar su jornada y entregar su recaudación, unas 600 pesetas de la época (36 €). Iban en el vehículo cinco pasajeros en el interior y uno en la plataforma. Como era costumbre el conductor llevaba a los pies un pequeño saco precintado con la recaudación que todas las noches se llevaba desde la estación de La Laguna hasta la central de La Cuesta. Casi inmediatamente detrás bajaba otro tranvía fuera de servicio conducido por Luis G. Panasco que solamente transportaba al inspector Manuel Cabrera. Al llegar el primero de los vehículos a la parte central de la Curva de Gracia, el conductor observó que una piedra en los raíles interrumpía el paso del vehículo. Frenó en seco y descendió para retirarla.
En ese momento, relata el conductor Antonio Guerra, "vi como salían de la parte del barranco unos cuatro o cinco hombres, de mediana estatura y las caras cubiertas con pañuelos. Algunos llevaban gorras y todos esgrimían pistolas. Se pusieron dos a cada lado del tranvía y sin pronunciar palabra, empezaron a hacer disparos contra nosotros. Yo me agaché, refugiándome detrás del control, para que las balas no me alcanzaran y vi como el joven que iba a mi derecha, caía desplomado a la carretera, porque uno de los tiros le había alcanzado".
Este joven era Agustín Bernal Cubas, de 19 años, estudiante de Bachillerato en el Instituto de La Laguna que bajaba a Santa Cruz ese sábado después de dar un paseo por la ciudad y que murió en el acto.
Uno de los asaltantes entró en el tranvía y cogió el bolso con el dinero de la recaudación mientras los demás amenazaban al conductor. Otro le dijo al chófer: "Sigan, porque si no los matamos".
Los minutos siguientes fueron de gran confusión. Mientras huían el cobrador y otro pasajero, este último, que fue alcanzado por las balas, resultó herido. Mientras tanto, el tranvía siguiente (el 13), que iba a encerrar a La Cuesta y que llegaba a la escena del asalto, fue recibido por una lluvia de balas que acabó con la vida de su conductor, Luis García Panasco, de 35 años de edad.
El lugar elegido en la Curva de Gracia reunía unas condiciones ideales para el atraco, pues ya en aquel tiempo era sólo subida para los pocos automóviles que entonces circulaban y desde allí era fácil distinguirlos de lejos. Además por un lado, igual que ahora, un talud conducía al barranco situado inmediatamente debajo, lo que facilitó la huída de los asaltantes.
El sepelio de las víctimas tuvo lugar al día siguiente y en él participaron miles de personas acompañadas de una enorme comitiva de tranvías, guaguas, taxis y automóviles particulares que avanzó desde el lugar del suceso hasta el entierro en el antiguo cementerio de San Rafael y San Roque de Santa Cruz.
Estos hechos, conocidos como el asalto al tranvía, conmocionaron a todo Tenerife y durante un tiempo el número de pasajeros descendió de manera significativa. Los efectivos policiales (Policía, Guardia Civil, Guardia de Asalto y Guardias Municipales) realizaron un gran despliegue que dio como fruto la detención de varias personas, que fueron sometidas a juicio meses después.
El tranvía fue languideciendo en los años siguientes y la falta de inversiones en su infraestructura y el desinterés de las autoridades hicieron que desapareciera. Hoy que de nuevo vuelven a rodar por nuestras calles los tranvías, hemos querido recordar su antigua presencia entre nosotros.
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publicado el 22 Noviembre, 2008 en as.com (0) comenta
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publicado el 21 Noviembre, 2008 en elmundo.es (0) comenta
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