Sólo la Bienal de Arquitectura, Arte y Paisaje es capaz de sacarlo de su letargo. El espacio cultural El Tanque de Santa Cruz, que tantos quebraderos de cabeza -modificación de Plan General incluida- ha ocasionado a Ayuntamiento y Cabildo, ha limitado su actividad a estas muestras. Ahora, algo se mueve otra vez en el bidón de gasóleo más famoso de la ciudad: el Gobierno, a través de Canarias Cultura en Red, ha convocado el concurso para su gestión y mantenimiento, un contrato que terminará el 3 de diciembre y que cuenta con un presupuesto de licitación de 28.350 euros. Si quiere presentarse, dese prisa. Sólo tiene 8 días para remitir su solicitud, ya que el concurso ha sido convocado de forma urgente.
La finalidad del contrato es, básicamente, garantizar que en el tanque haya siempre una atención al público continuada, garantizar la venta de las entradas y la limpieza del recinto, así como colaborar en la organización de todas las actividades culturales. Para ello, se deben aportar tres personas para el montaje de las exposiciones (sólo durante 6 días) y otras dos para atender a los asistentes "con cuidado exquisito".
Los gastos derivados de la publicidad de los actos o los motivados por los artistas correrán a cargo de Canarias Cultura en Red, de igual forma que los desembolsos extraordinarios que haya que hacer en cada evento, ya sean de tipo técnico o de personal. El dinero se repartirá en pagos mensuales, por importe de 4.725 euros, hasta la fecha de finalización del contrato, el 3 de diciembre.
El entusiasmo inicial por la defensa del depósito ha decaído. Su principal promotora no está en el Cabildo, sino que ocupa una silla en el Parlamento, y el entonces presidente ya tampoco es tal
Al final, el tanque de gasóleo viene a ser usado sólo cuando llega la Bienal de Arte, Arquitectura y Paisaje. El recinto, ubicado en el exclusivo barrio de Cabo Llanos y en una parcela que a día de hoy debe costar millones de euros, ha sido objeto de una larga serie de polémicas. Sus defensores veían en él una instalación de vanguardia, un edificio singular e incluso un testimonio de lo que fue Santa Cruz cuando, dentro de un siglo, haya desaparecido la refinería. Sus detractores apelaban a su demolición por la necesidad de zonas de uso público en la zona y se referían a él simplemente como bidón de petróleo.
El caso es que ahí sigue, cerrado hasta que llega la Bienal, vestido por graffitis y rodeado de basura. Ha llovido mucho desde que en 1995 el equipo de arquitectos Artengo, Menis y Pastrana (el segundo, hermano del ex presidente del Gobierno Adán Martín) viera en esta estructura metálica algo excepcional, pese a los reiterados intentos por demolerlo del Ayuntamiento. Se pone manos a la obra y, tras una actuación relativamente pequeña en el edificio, el proyecto resulta premiado internacionalmente. La ex consejera de Cultura del Cabildo Dulce Pérez (pareja del arquitecto y por tanto cuñada del ex presidente) logró finalmente dar un impulso definitivo a la conversión del bidón en sala dedicada a la cultura, llegándose incluso a plantear, durante el proceso y en el caso de que las cosas fueran mal, su declaración como patrimonio industrial.
El entusiasmo inicial por la defensa del depósito decayó una vez se logró su conservación. Su principal promotora no está en el Cabildo, sino que ocupa una silla en el Parlamento, y el entonces presidente ya tampoco es tal. Después de trece años y tras desembolsar millones de euros en su adquisición y mantenimiento, el museo de hojalata permanece abandonado hasta que, cada dos años, llega la Bienal de Arte, Arquitectura y Paisaje. Por eso ahora, otra vez, algo se mueve en el tanque.
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