Qué final. Qué nervios. No se le puede pedir más a un derbi. Un gol en el último minuto. No hubo descanso para la emoción. Cuando el Tenerife ya se veía ganador, Las Palmas dio un zarpazo y empató. Se vuelve a demostrar que en un partido de este tipo nunca te puedes confiar, por mucho que estés por encima de tu rival en la clasificación y tengas en el campo un jugador más. Es un tópico, pero así es el fútbol.
Quizá sólo fue en la recta final, pero el Tenerife se equivocó. Desde el gol de Pablo Sicilia, cuando apenas quedaban cinco minutos para la teórica conclusión (otra cosa es el descuento), bajó los brazos. Y lo pagó. Vaya que si lo pagó. Un empate le deja con pocas posibilidades de pelar por subir a Primera. Y, lo peor, con la moral tocada, que es como te quedas cuando pierdes un derbi que tenías ganado.
Ahora se podrá discutir si el árbitro tenía o no razones para alargar el partido cinco minutos, pero el caso es que lo hizo. Las Palmas apovechó ese tiempo para pegar un arreón y el Tenerife, en un gesto inexplicable, para desaparecer. La suerte se suele aliar con los que tienen más fe, y eso fue lo que pasó. Encima marcó Marcos Márquez, uno de los jugadores más queridos por la afición amarilla. El estadio de Gran Canaria, que estaba a tope, se vino abajo.
¿Un gol merecido? Posiblemente no porque el Tenerife dio la sensación general de que está un escalón por encima de Las Palmas. Tocó mejor en el centro del campo y llegó más a la portería contraria. También es cierto que desde el minuto 40 de la primera parte jugó con ventaja por la expulsión del canarión Samuel. Sin embargo, no lo supo rentabilizar, algo que también demuestra la madurez de un equipo. En el fútbol, como en la vida, al final sueles tener lo que te mereces. Y si haces un regalo, más.
Todo eso se mezclará ahora con la polémica, que, como en todo buen derbi, también la hubo en éste. El Tenerife se quejó de un posible penalti sobre Arruabarrena que no le pitaron a mitad de la segunda parte. Viendo la repetición por la tele da la impresión de que fue. A lo mejor ahí hubiera cambiado el partido, pero eso ya es otra historia.
Lo mejor:
- No hubo tiempo para el aburrimiento. Fue un derbi entretenidísmo.
- El ambientazo del estadio de Gran Canaria.
- El gesto de Pablo Sicilia al no celebrar el gol del Tenerife. No sé cómo se pudo contener. Demostró un gran respeto hacia el equipo y la afición que lo vieron nacer como futbolista. Fue un detalle bonito.
Lo peor:
- La polémica que arrastrará el posible penalti "robado" al Tenerife.
- Demasiados políticos peleándose por la foto en el palco. ¿Esto es deporte? ¿O no?
Nota de la redacción: el
vecinoreportero que escribe esta crónica vio el partido por televisión desde Tenerife.
Comentarios
Escribe tu comentario
Normas