"(…) Es Torquemada el habilitado de aquel infierno en que fenecen desnudos y fritos los deudores; hombres de más necesidades que posibles; empleados con más hijos que sueldo; otros ávidos de la nómina tras larga cesantía; militares trasladados de residencia, con familión y suegra por añadidura, personajes de flaco espíritu, poseedores de un buen destino, pero con la carcoma de una mujercita que da tés y empeña el verbo para comprar las pastas; viudas lloronas que cobran el Montepío civil o militar y se ven en mil apuros; sujetos diversos que no aciertan a resolver el problema aritmético en que se funda la existencia social, y otros muy perdidos, muy faltones, muy destornillados de cabeza o rasos de moral, tramposos y embusteros.
Por todos estos, el bueno y el malo, el desgraciado y el pillo, cada uno por su arte propio, pero siempre con su sangre y sus huesos, le amasaron al sucio de Torquemada una fortuna (…)". B.P. Galdós,
Torquemada en la hoguera.
Hace año y poco, me paseaba de banco en banco buscando con cara de pocos amigos -y poco dinero también-, hipoteca para casa y perro. Creo que llegué a visitar seis o siete sucursales de diferentes bancos y cajas, incluida –of course-, la de aquí, La nuestra –quien quiera puede confundirla con la cosa nostra-. Si digo que hice un máster forzado en euribors, tasaciones, rentas variablemente fijas y gestos de asesores, directores, inmobiliarios y (o) especuladores, no exagero. Una de las afirmaciones más repetidas por todos estos hipotecos, era la de que jamás de los jamases, el euribor subiría de 4,7%, pues eso sería una locura. Digo que de esto hace un año y poco. Actualmente creo que ya anda por el 5 con algo… je. Afortunadamente no conseguí la hipoteca, y ahora rezo todos los días ante mi virgen del alquiler para que mi contrato se prolongue hasta el infinito y más allá.
La Banca se me revela como el Torquemada de Galdós, un ser avaro, oscuro, mentiroso y traicionero que tiende manos sucias con dinero limpio -de otros- y recoge las mismas llenas de dinero sucio de necesidad y pobreza –de otros-. ¿Acaso todos aquellos que me dijeron que nunca el euribor subiría de ese 4,7% no lo sabían en ese momento? ¿No estudian, trabajan, y se esfuerzan cada día entre corbatas y trajes de saldo para saber que cosas así pasarán? Está claro que me mintieron, que nos mintieron, que se enriquecieron haciéndolo y nos empobrecieron con frases colocadas en momentos justos.
Pero, al fin y al cabo, como Torquemada en las novelas de Galdós, esta banca no ha hecho más que cumplir con su cometido y sus deberes, y nosotros nos dejamos o no engañar por sus creadores y dirigentes. Ellos crean mentiras cotidianas sobre posibles futuros, y nosotros aceptamos o no esas mentiras. No culpo a nadie, yo me equivoco y ellos hacen posible esa equivocación. Ahora, sabiendo como anda esta perrita, intento que no me engañe, intento ver la crisis desde mi punto de vista, no desde el de ellos, desde el de Torquemada. Intento no tener más hijos que sueldo, ni familión ni suegra; intento que mi espíritu esté gordo; intento –al fin- resolver el problema aritmético en que se funda la existencia social… con y por todo, me siento bueno y malo, desgraciado y pillo, con mi propio arte. Pero eso sí, haré todo lo posible por no ayudar -con mi limpio dinero- a que el sucio Torquemada siga aumentando su fortuna.
Comentarios
Estupendo artículo. La cita del canario más universal y más desconocido en esta tierra, tremenda.
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