Carolina Alguacil, una joven barcelonesa que allá por 2005 tenía 27 años, envió un día una carta al periódico El País titulada "Soy mileurista". Era la primera vez que alguien mencionaba esa palabra, maldita para muchos, y pronto se extendió como la pólvora. Alguacil identificaba su invención, en esa misiva, con el joven entre 25 y 34 años de edad, licenciado, bien preparado, que habla idiomas, tiene posgrados, másteres y cursillos, que se ha iniciado en el mercado laboral trabajando en la hostelería o como becario y que después de dos renovaciones de contrato ha logrado un trabajo fijo, pero por menos de 1.000 euros. Lo que ella no podía imaginar es que, sólo tres años después de acuñar el término, alcanzar ese sueldo se convertiría en un sueño para muchos jóvenes.
El mapa del mileurismo en España es desolador. Un 58 por ciento de los asalariados en este país cobran menos de 1.100 euros al mes (o 13.400 al año), la cantidad que, pasado el tiempo, se ha establecido como el límite oficial que marca la entrada o no en este colectivo. En 2006, la organización de Técnicos del Ministerio de Economía y Hacienda (Gestha) hizo el primer retrato de la realidad nacional sobre este asunto: el resultado, Canarias es la tercera comunidad con más empleados por debajo de esta cantidad. En concreto, un 65 por ciento de los habitantes de esta tierra perdida en el océano es mileurista, un porcentaje 7 puntos por encima de la media del Estado.
Carolina Alguacil dio en el clavo. En su carta explicaba que el mileurista "no ahorra, no tiene casa, no tiene coche, no tiene hijos, vive al día. A veces es divertido, pero ya cansa". También narraba un viaje al extranjero (con vuelo en línea de bajo coste y alojamiento en youth hostel, claro) en el que comprobaba como gastaba lo mismo que en su país en tomar un café e incluso menos a la hora de comprar en el supermercado. El mileurista "piensa que España está ya al nivel europeo. Pero lo malo es que se ríen cuando dice que gana nine hundred and ninety seven euros", relata.
Un joven de Viena puede llegar a pagar por un piso de 40 metros en una buena zona de la ciudad sólo 250 euros
La carta es ya relativamente antigua, pero no por eso deja de tener vigencia. Veamos un caso práctico: planeamos unas vacaciones a Viena. No hay dinero para pagar un hotel, pero tenemos amigos allí. Así que una chica austriaca que va a dejar la ciudad para irse de viaje nos propone utilizar su piso durante un mes, pagándole el alquiler, claro. Tiene 27 años y trabaja como encargada del turno de día en un albergue para jóvenes de la ciudad, con contrato fijo. Habla varios idiomas, es licenciada y cobra alrededor de 2.000 euros mensuales. ¿Cuánto nos costará realquilarle el piso? Pues 250 euros, agua y luz incluidas. Eso es lo que paga por habitar una vivienda de 40 metros cuadrados a pocos pasos de la calle Mariahilferstrasse, uno de los núcleos comerciales de la ciudad, casi la Gran Vía madrileña pero con menos coches y más carriles bici. ¿Sorprendente, no?
Aquí, en Tenerife, el mileurismo sería soportable si los jóvenes pudieran acceder a viviendas con esos precios. Ahora mismo, por esa cantidad a lo más que se puede aspirar es a compartir piso en una calle ruidosa del cuadrilátero lagunero. Y del mismo modo que le sucedió a Carolina Alguacil, comentar en esas latitudes lo que se gana en las islas por trabajar hasta doce horas a destajo es siempre motivo de asombro, lástima o incredulidad.
Encima, la cosa no acaba ahí. Desmoraliza mucho también ir al supermercado en Austria o Alemania y comprobar cómo una compra para la semana te sale prácticamente a mitad de precio que en Tenerife. Y lo peor es que en más de una ocasión estás adquiriendo plátanos y tomates de Canarias. Ésta, sin embargo, es otra historia que merecerá ser contada en otra ocasión.
La situación está clara: en esta región estamos a la cola de los salarios en España (somos la segunda comunidad con sueldos más bajos) y pagamos un precio por la vivienda que cada vez se aproxima más a la media estatal. La cesta de la compra también es de las más caras (ha crecido respecto al año pasado un 8%, mientras que los salarios han subido entre un 4 y 4,5%). Encima, un 65 por ciento de los trabajadores es mileurista. Y mejor no embarcarse en una comparación con la situación en el resto de Europa. El cuadro ansioso depresivo sería fulminante.
¿Quién tiene la culpa de todo esto? Sindicatos y patronal han lanzado muchas hipótesis: que si la mano de obra inmigrante, que si el biocombustible, que si el contexto macroeconómico internacional, que si el petróleo... Sin embargo, todos estos aspectos jamás influyen en la renta de los responsables de definir y ejecutar las políticas económicas regionales. Los parlamentarios se suben el sueldo, los políticos locales cobran como un presidente del Gobierno y las empresas públicas destinan cada vez más y más fondos a sus altos cargos. Sin ir más lejos, el gerente de Televisión Canaria gana más de 133.000 euros y sus siete cargos directivos más de 616.000 entre todos. Con esas cantidades casi se podrían pagar los salarios de todos los técnicos superiores, técnicos medios y administrativos del ente. No es casual que muchos trabajadores de esta empresa pública sean mileuristas.
Comentarios
No sé de que se asombran. Bienvenidos a la República Macaronésica de Canarias.
Después tenemos a los empresarios quejándose de que la gente prefiera trabajar en la administración pública, donde, al menos, les pagan, un salario decente.
También podrían hablar también de las diferencias que hay en un ayuntamiento y comparar lo que gana el personal laboral y lo que gana el concejal de parques y jardines.
Por más que nos vendan que estamos en Europa, no estamos, estamos en el décimoquinto pino, eso si, salvo para que los grandes empresarios canarios reciban los FEDER.
Por otro lado, la riqueza se centra en unos pocos que nos les da la gana de repartirla y más cuando das una patada al suelo y te salen mil licenciados ávidos de trabajar. No hace falta pagarles bien, son fáciles de encontrar. Y de remate, olvídense de la moto que nos vendieron a los nacidos en los 70 -80, la universidad es el camino directo a ser un parado cultivado. El asalariado solo ve pasta cuando trabaja con tuberías, bloques, excavadoras o cables eléctricos. Amén.
Escribe tu comentario
Normas