No contento con el fracaso que supuso hace unos años cambiar el entierro de la sardina del miércoles de ceniza, cuando se ha hecho toda la vida, al viernes de piñata, el Ayuntamiento de Santa Cruz experimenta otra vez con el Carnaval. Al menos en esta ocasión no toca nada de lo considerado tradicional, algo que es un alivio si encima el encargado de innovar es ese prodigio de la naturaleza llamado Ángel Llanos, el teniente de alcalde municipal.
El nuevo invento consiste en organizar, y aquí viene lo novedoso, a las doce de la mañana de este sábado (piñara) un festival de conciertos con cinco escenarios repartidos por la ciudad. Lo normal hasta este año era que a esa hora las calles estuvieran medio desiertas, ocupadas sólo por los que se resistían a irse a casa a dormir la resaca.
Vaya por delante que el objetivo de este post no es criticar la iniciativa en sí, que tiene muchas papeletas para resultar un éxito (una fiesta es siempre una fiesta), sino la combinación entre su horario y justificación. Lo primero ya lo explique arriba, la cita es al mediodía, y lo segundo es el argumento dado por el Ayuntamiento para su organización: recuperar el Carnaval para la familia.
Vamos por partes. A las doce de la mañana de un sábado de piñata qué suele haber, mayoritariamente, por las calles y bares de Santa Cruz ¿familias con niños o gente disfrazada con ganas de prolongar el boncho que iniciaron doce horas antes? Creo que lo segundo. Entonces, qué se quieren montar ¿una celebración infantil, con globos y golosinas, o un after para los que están de amanecida? Y eso sin contar que el sábado es un día laborable para muchas tiendas, oficinas y bancos del centro, a cuyos empleados no les hará ni la más mínima gracia escuchar los gritos de Idaira o las rancheras de Pepe Benavente.
También está la versión de que esto puede ser el principio de convertir el Carnaval en una romería: salgo a las doce y empato con la noche. El colocón de día, que se llama.
A ver, si el objetivo es una fiesta para la familia ¿por qué no la organizan a las cinco de la tarde? Seguro que hay menos gente alargando el vacilón del viernes de piñata y más padres liberados para divertirse con sus chiquillos. Además, ¿cómo se les ocurre meter en el cartel a Orishas, la Billo’s Caracas Boys y unos imitadores de los Village People en lugar de traer a María Isabel (la de Antes muerta que sencilla) o a un par de grupos del estilo Enrique y Ana?
Lo dicho, la idea es buena pero no el enfoque.
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