Hoy ha llegado a mis manos una historia. Historia de enseñantes como yo y como muchos.Historia de cuarenta años , que nos demuestra que mucho no ha cambiado la docencia para aquellos/as con vocación.
Traspapelada entre antiguas facturas apareció, así como esos legados y puentes del pasado a los que tan aficionado y ferviente creyente soy. Una experiencia docente de mi madre,profesora de Latín y Griego, en la cual daba a entender que sufría , como yo y tantos otros, de los desvelos de la enseñanza y de las preguntas sin respuesta. Me ha emocionado y, como creo que muchos nos hemos visto en un momento u otro en ese ajo, pues me ha parecido transmitírselas literalmente...
" La profesora miraba a las alumnas aquella noche queriendo desentrañar la incógnita de cada una de ellas. Eran las ocho. En otro tiempo habría hecho mucho frío . La Laguna en esa fecha, Febrero, tendría la tierra mojada y una lluvia fina caería sin cesar, pero ese año sufrían todas las islas una sequía abrumadora. Los del campo decían que hacía muchos años que no sucedía cosa igual. Ya se plantaba poco porque todo estaba caro : semillas, abonos,etc...Ahora, si no llueve,- decían- el agua subiría de precio hasta las nubes y ¡ Qué pena de ver los campos secos en esta fecha!. Sin pastos para el ganado. Sin esa alfombra verde que recreaba nuestra vista en nuestros paseos por las afueras."
" En la clase casi podíamos decir que hacía calor. Algunas alumnas estaban sonrosadas, tal vez por los apuros del ejercicio que tenían a la vista, más que por la temperatura ambiente. La profesora pasó lista. ¿ Quién falta?. Marina y Nieves, las alumnas de las fatigas... La clase de Latín resultaba pesada para muchas alumnas, pero estas dos se mareaban...La profesora, muy animada, decía : ¿ Dónde está la palabra más importante de la frase, es decir, el verbo?. Pero la mirada de las dos alumnas se perdía. La profesora, en un intento por recobrar aquellas mentes que se alejaban , decía una broma para que descansaran un momento, luego seguía . La mirada de las dos alumnas se hacía mas vaga, Nieves masticaba un chicle, era algo que necesitaba para soportar la explicación de Latín. Marina terminaba por apoyar la cabeza en el pupitre y ya esa posición era tanto como decir :" Me rindo". Decían que si era presión baja. La profesora sabía que era el Latín... "
"Cuando terminaba la clase,Marina salía entre dos compañeras, algunas veces se caía al suelo, otras no. ¿ Será posible que una clase pesada pueda hacer bajar la presión hasta el punto que la alumna caiga al suelo sin remedio '¿ Será posible que la lengua madre de nuestro idioma sea tan aburrida ?. Yo quisiera pensar que aquella profesora sufría queriendo amenizar sus clases con bromas , con dibujos, con explicaciones y encontrando ese muro firme, cerrado, de esas dos alumnas que decían ¡ No!"
Comentarios
Fíjate qué casualidad. Escribí ayer un post para ponerlo la semana que viene titulado "Cara de latín" que conecta con todo lo que dices ¿Habrá también transmisión de pensamiento entre los compañeros de la blogtfera? Curiosa historia la tuya con desmayos incluidos y también interesante clase la de Sagitta. Y ya tú ves, a mí me encantaba el latín y el griego.
Y hoy, unos años más tarde, en ese mismo mes y en ese mismo instituto, mi alumna Elena me contaba que había faltado ayer porque el agua represada el lunes por la tarde entre su casa y la montaña había derrumbado la pared y había inundado la casa; se pasaron la noche sacando agua y salvando lo que podían: le quedó seco por casualidad un par de zapatos. Su padre, que estaba en Tegueste, vino en moto como pudo y casi se mata por el camino.
Entre todos la animamos y de una cosa pasamos a otra: empecé a hablarles de las naumaquias y de los espectáculos en Roma y al final de la clase conocían las estructuras del teatro, el anfiteatro y el circo y la función de cada uno. Terminamos hablando de los toros y casi todos opinaron sobre el espectáculo nacional que nos representa en el mundo.
Hoy ninguno de los alumnos desconectó. Yo creo que la historia de Elena hizo piña en el grupo y creó la magia que a veces tiene la enseñanza.
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