Es un día de otoño en Bilbao. Estamos rodeando el Museo Guggenheim y descubrimos en una terraza la figura de un hombre solitario, vestido con un abrigo oscuro que se inclina levemente hacia atrás para hacer una fotografía en dirección al cercano puente de la Salve. Tras él, el muro compuesto por rectángulos de titanio del edificio se erige como un escenario casi de otro mundo.
Las formas caprichosas de Gehry crean un espacio ante el que el hombre parece diminuto pero no aplastado. La disposición descompuesta del museo no ofrece ninguna concesión al caos porque todo ha sido ordenado de alguna manera que no entendemos, pero que resulta tremendamente humana.
Y ese diminuto hombre es, somos, nosotros
¡Ay, la soledad, privilegio de los dioses!
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Comentarios
Pues sí, Melchor, en estas "cagaditas de mosca" que decía con gran sabiduría popular, refiriéndose a las Islas Canarias, Pepe Monagas, todo se distorsiona. Nuestro mundo isleño nos hace acortar la visión global de las cosas a nuestro pequeño entorno. Menos mal que de vez en cuando podemos salir y disfrutar de todo "lo grande " que hay por esos mundos. Y si no podemos, pues ahí estás tú, Melchor, para traernos tus historias. Gracias.
Esta foto, efectivamente, nos hace pensar en la soledad y en la pequeñez del hombre. Pero, sobre todo, en su grandeza como creador de tales maravillas. El museo es espectacular e impactante y tu foto le hace justicia.
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