Sin saber por qué, una noche te despiertas a la 5 de la mañana y sabes que ya no vas poder conciliar el sueño. Como tienes la convicción de que en cuestiones de insomnio, si no puedes vencer a tu enemigo debes unirte a él, te armas para pasar el par de horas que faltan para el amanecer.
Está de moda. Reconozcamos que el viejo gintonic ha vuelto con una fuerza inusitada para sus años. En pubs, tabernas, bares y, en resumen, en todos los sitios de copas se le rinde una veneración que hace poco no tenía. De bebida colonial británica ha pasado en nuestros días a convertirse en casi un objeto de culto para sus seguidores.
El tiempo ha dado otra vuelta completa y de nuevo nos vemos estrenando un año que miramos con cierta prevención. Con enero, una vez partido el año, vuelven los Reyes y a aprovechamos para pedirles lo que más falta nos hace: salud, trabajo, trabajo, trabajo y, también, algo de amor. Aprovechamos para reafirmar nuestras promesas de nochevieja: Adelgazar, no dejar las cosas para mañana y ser más buenos. Y no tener tan abandonadas a la lagarta y a la luna.
En 1937, Victor Fleming lleva a la pantalla una historia basada en la novella de Rudyard Kipling Capitanes intrépidos donde narra la historia de un caprichoso niño rico que es recogido por un barco de pesca tras caer por la borda del yate en que viajaba. Ante la imposibilidad de regresar a puerto hasta que se termine la pesca el chico tendrá que adaptarse la vida marinera.
Mi primer encuentro con el Hang fue hace dos años. Iba caminando por la calle de Herradores de La Laguna y a medida que me acercaba a la entrada de los cines Aguere comencé a oir una música que recordaba a los steel drums jamaicanos y que llenaba toda la calle.
Otros hablarán de sus playas, de su verde campiña, de su tranquila y pausada gente. Tal vez alguno les cuente las excelencias de su gastronomía o resuma los múltiples avatares históricos en la que se ha visto inmersa esta pequeña isla del Mediterráneo pero, para mí, Menorca son unas higueras que se acercan casi a beber el agua salada del mar a la salida del puerto de Mahón en la costa de La Mola, la primera tierra española que besa el sol cada mañana.
La paz sobrecoge.
En 1968 el irregular director Norman Jewison firma la película “El caso de Thomas Crown”, interpretada por Steve Mcqueen y Faye Dunaway que narra la historia de un millonario aburrido que planea y ejecuta un gran robo a un banco.
En la escena que presentamos, el protagonista vuela en planeador mientras suena la canción Los molinos de tu espíritu (The windmills of your mind) compuesta por Michel Legrand a partir del tema del segundo movimiento de la Sinfonía Concertante de W.A. Mozart.
Me pone en un compromiso, Don Andrés. Me pide que seleccione una canción de María Dolores Pradera y son tantas...Unas me gustan más y otras menos, pero hay una poco conocida que creo que le va a agradar. Se llama Cuando llora mi guitarra y su autor es Augusto Polo.
Espero que la disfrute.
P.S. ¿Esta mujer ha hecho un pacto con el diablo? Es que siempre está igual.
Como si les faltara algo a estas Islas Desdichadas, - lo de Afortunadas mejor lo dejamos para mejor ocasión- hoy ha habido un terremoto de 4 grados en la escala Richter.
Alexander Blok nacido en San Petersburgo (1880-1921) es uno de los más genuinos representantes del simbolismo en la literatura rusa. Adherido desde el principio a la revolución bolchevique fue alejándose de ésta pues se sintió frustrado por el régimen soviético. Sus obras, que componen cinco volúmenes, agrupan poesías, dramas, ensayos y crítica.
publicado el 13 Enero, 2012 en El Dia (0) comenta
publicado el 8 Diciembre, 2011 en La Opinion (0) comenta