Tenerife / Los Rodeos
Tenerife Sur
Contrariamente a lo que todo el mundo supone, eso de “ahora que tienes tiempo”, hay épocas en que la vida de una jubilada es una vorágine. Puede coincidirte el que tengas que hacer diligencias y papeleos tuyos y del resto de la familia (los trabajadores) con proyectos para darte un viajito a casa de una amiga. Al mismo tiempo, estás arreglando una casita que has heredado en la playa (la etapa de la jubilación suele coincidir desgraciadamente con la de las herencias). Es el momento también de poner orden en tu casa, en la que el ajetreo de épocas pasadas ha hecho que se acumulen por todas las esquinas materiales variados para ordenar. Y, en estas, que tu hija se rompe un tobillo y tienes que ocuparte de ella y de los enanos.
En momentos así es muy de agradecer un día redondo.
Te marchas al atardecer hacia el sur a la casita de la playa para levantarte temprano al día siguiente. Está a hora y media de tu casa pero es como si te marcharas a otro mundo, tal es el desconecte. En cuanto abres el ojo, te vas al mar, a una calita, a echarte un bañito mañanero en un agua transparente como un cristal. Te desayunas, después, mirando al mar. A lo mejor has hecho el día anterior un pan de nueces y te lo tomas con un café que llena la casa de aromas.
Descansas (¿de qué?), lees un poco, paseas, vas a la playa, reposas en la arena caliente, juegas con las olas, fotografías en una roca a unas gaviotas...
Comes con amigos de toda la vida un pescadito al horno, por ejemplo. Hacemos una sobremesa tranquila, comentando noticias, contando cosas, riendo. Luego, siesta y a lo mejor cae otro baño al atardecer.
Ducha y vuelta a casa por el norte de la isla con parada en El Amparo para cenar un condumio de conejo. En el restaurante hay poca gente pero no se sabe cómo, alguien saca una guitarra y terminamos todos cantando “La perla”, “Regálame esta noche” y otras canciones de las que mi hijo llama “de olvido”. Llegamos a casa a las 12 de la noche preguntándonos. “¿Vorágine? ¿Qué vorágine?”.
Un día redondo.
publicado el 3 Enero, 2009 en laopinion.es (0) comenta
publicado el 2 Enero, 2009 en diariodelanzarote.com (0) comenta
publicado el 31 Diciembre, 2008 en eldia.es (0) comenta
Comentarios
Aunque mi día también es redondo porque, entre bromas, relax y comiditas, estoy dando una vuelta a la isla, un día redondo es todo aquel en el que puedes desconectar y todo resulta perfecto, como bien dice Visitante cuando habla de esos atardeceres. Y esto puede pasar vayas donde vayas y estés jubilado o no. Así que animo a la esclava del siglo XXI a tomárselo de vez en cuando (un paseo de Las Cañadas a Fasnia, por ejemplo) y a mi colega al disfrute pleno, que este es el momento. Que así sea también.
Enhorabuena, colega. Por lo de jubilada,claro. Tu historia es mi historia, salvo en lo de la casita y la hija de tobillo fracturado. Yo lo sustituyo por aumento de la familia y lo que eso supone. Vivo con la esperanza de que, también yo, disfrute de, al menos, medio día redondo. Seguro que tú vas a tener muchos más como el que describes. Que así sea.
¡Que envidia más cochina! Yo aún pertenezco a la clase esclava del siglo XXI y realmente me da envidia, pero sana, ver que otros disfrutan de su merecida jubilación. A ver si un día nos conocemos, y vamos a esa casa de la playa todos juntos.besos
Esos atardeceres en los que la única preocupación es que no se te escape el momento justo en que el Teide se vuelve rojo con la puesta de sol.
Escribe tu comentario
Normas