Emilia, una de mis mejores amigas de los tiempos de Colegio Mayor, siempre decía, cuando algo no respondía a sus expectativas: “Y total… chole”. Una vez que le pregunté que de dónde había sacado semejante palabra, me dijo que Chole era una tía de su novio. La tía Chole, que era soltera, sin hijos y muy rica, le pagó la carrera a su sobrino, alardeando, eso sí, siempre que podía, de su generosidad (¡Mecachis, qué buena soy!) Pero, cuando el sobrino terminó, le pasó la cuenta con todos los gastos y él tuvo que trabajar un año entero para poder saldarla.
“Total, chole” pasó desde entonces a formar parte de mi léxico familiar. No es, como podría parecer, una expresión amargada o resentida. Es más bien una frase irónica, acompañada de un ligero encogimiento de hombros, que constata y acepta con resignación que así es la naturaleza humana y así funciona el mundo.
“Total, chole” pueden decir los españoles que votaron a la derecha creyéndoles y creyendo que todo se arreglaría en un pispás, y que ahora ven cómo se transforma alguien de ser el Gran Pitufo en campaña electoral a ser el Pitufo Llorón en cuanto toma el mando. Tantas ganas de quítate tú pa’ponerme yo en el sillón presidencial y total… chole.
Lo dice mi marido cuando, después de meses de preparar a sus palomas mensajeras, manda 50 a Fuerteventura y le vienen sólo 30, porque las demás se quedan echando una plumita al aire por aquellas dunas de Corralejo. Tanto silbar y agitar una bandera (hecha con una bolsa de El Corte Inglés) para entrenarlas, y total… chole.
Lo pueden exclamar los que se han quedado, por esto de la crisis, sin poder saltar y brincar en el Festival Rock Coast, que se iba a celebrar ahora en Tenerife, con Marylin Mason y compañía. Tanto ahorrar –hay tuiteros que escriben que han pasado un mes a pan y a agua para pagar la entrada- y total… chole.
Lo digo yo cuando me peso una vez a la semana, ahora que estoy como siempre a dieta preveraniega, y veo que, después de llevar un mes caminando, nadando y a verduritas, sólo bajo 1 kilo mondo y lirondo. Tanta croqueta despreciada y total… chole.
Lo dicen los forofos de Eurovisión –los hay a montones, lo juro- que pensaban que todo iba a ser “Spain, twelve points” porque Pastora Soler iba a ganar, según las encuestas. Tanto “quédate conmigo” y total… chole.
Mi amiga Emilia murió joven, hace ya cerca de 40 años. Pero su presencia –voz en mi recuerdo- parece decirme, como si estuviera aquí ahora mismo, echando una mirada curiosa a todo este panorama que tenemos alrededor: “Oye, perdona que te lo diga, pero este siglo XXI, que en aquel entonces imaginamos tan glamuroso ¿no te parece que está cayendo demasiado en el cholismo?".
publicado el 13 Enero, 2012 en El Dia (0) comenta
publicado el 8 Diciembre, 2011 en La Opinion (0) comenta