Tengo un marido palomero. Los palomeros son una secta extraña que, haciendo caso omiso al hecho de que la paloma es el símbolo de la paz, desprecian a las palomas de los parques por ser bastas y odian a muerte a los palomos buchones por ser unos tenorios que les roban a sus palomas. A las únicas que adoran, y de ellas se pueden pasar horas hablando, es a las palomas mensajeras, para ellos, las palomas finas, usando el término “fino” en el mismo sentido en que, cuando nació mi hija, me lo dijo una señora de La Palma, muy discreta ella: “Tu hija, con perdón, es mucho más fina que tú”.
Algunos conocidos, bien intencionados supongo, me han dicho, después de la consabida frase “ahora que tienes tiempo”, que podría ayudar a mi marido en su afición. Yo imagino que nos ven de una manera idílica como si fuéramos San Francisco y su acólita, rodeados de palomas que picotean granitos de nuestras manos, como en aquellas fotos que la gente se hacía antes en el Parque de Mª Luisa de Sevilla. Y nada más lejos de la realidad.
Los palomeros dedican el 60% del tiempo (que es bastante) a limpiar mierda de paloma, hablando también finamente. El 40% restante lo dedican a entrenarlas y a descoyuntarse el cuello mirando al cielo. Si las palomas llegan bien de Las Palmas, Arrecife, Gran Tarajal, Cabo Juby o altamar, se felicitan por radio, hay gritos de júbilo y lo celebran como si ellos fueran los que hubieran volado y no los pobres bichos. Si tienen suerte, incluso pueden darles ¡una copa!. Que, además, hay que poner en la sala, faltaría más (pero, ¿no la ganaron las palomas? ¿Por qué no ponerla en el palomar?). Las copas suelen ser bastante grandes y estar coronadas por una paloma dorada a veces.
Si las palomas no llegan, hay llanto y crujir de dientes, sin tener en cuenta lo que yo le digo a mi marido, que a ellas también les gustan los viajitos y que también tienen derecho a echar una plumita al aire por tierras marroquíes. O que, en el peor de los casos, siempre pueden acabar en un arroz moro o en una pastela de pichón, lo cual puede ser un digno colofón a su carrera deportiva. Pero creo que nada de esto lo consuela.
Así que, como se ve y desoyendo los buenos consejos de mis conocidos, en mi jubilación no voy a formar parte de un triángulo amoroso marido palomero-palomas-yo. Es lo mejor, como dice el bolero “Llévatela”, por el bien de los tres. Y rimando, es demasiado estrés.
Comentarios
! Dios mio¡¡ Como hija de palomero trabajador recuerdo horas pasadas recogiendo excrementos de palomas, mañanas de domingo mirando el horizonte.Con el palo de la escoba espantandolas para entrenarlas o poniendolas el baño cuando hacía calor en verano.Sin lugar a dudas, la labor más ingrata de todas ellas,era limpiar las decenas de trofeos horrendos y eso si muy dorados que habitaban nuestros muebles y repisas.!Que recuerdos Dios mio¡. Y QUE BIEN LO NARRAS...BSOS.
aunque en otras ocasiones no te ponga comentario quiero que sepas que leo siempre tu apartado en las palmas tienes una fans mas sigue adelante es fantastico un abrazo ely
Hola Jubilada!!! Ya por fin hemos encontrado tu blog y nos estamos echando unas risas desde alemania. Besitos. Tu sobrino
Debo decir que yo tampoco he envidiado nunca la aficion de tu marido. Es más, cuando ya no tenga edad para agacharse a limpiar, nos vamos a hacer una sopa de paloma tremenda. O quizás una paloma en salmorejo, paella de paloma, croquetas...
Fdo: el que dormía al lado de tanta mierda de paloma
Hola,... me gustó mucho el contenido del artículo. Me gustaría pedirte un favor que no te costará nada. Cual es tu e-mail?
Gracias
Yo tenía un gato al que adoraba (mi marido no) y no quiero ni pensar lo que habría pasado si encima hubiera tenido que entrenarlo y después de cada salida del minino me hubiera tenido que pasar horas mirando a los tejados a ver si volvía o no. Eso sin tener en cuenta que el palomero tiene muchas palomas, no una sola, que le cuestan un dineral y que cada vez que las suelta está en un sinvivir mirando al cielo y pensando en la doble pérdida.
Creo, Jane, que por ese camino tampoco te vas a realizar en tu jubilación. Mejor sigue buscando.
Como marido aludido sólo se me ocurre decir que lo único que me faltaba era tener un gato mensajero.
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