En Tenerife tenemos, junto con los genes tinerfeños (de dudosa pureza, gracias a Dios), un profundo conocimiento de las clases de papas. Vamos, que somos como mi hijo que, de chico, no sé por qué extraña aleación de sus neuronas, otras cosas no, pero se aprendió todas las capitales del mundo. Yo le preguntaba, un suponer, la ley de Coulomb o el reinado de Isabel II, y él me decía: “Eso, no, pero pregúntame capitales que ya verás”. Pues aquí igual. A lo mejor no tenemos los mejores gobernantes ni sabemos la mejor manera de administrar este vergel de belleza sin par, pero de papas entendemos un rato.
Y es que no en vano las mejores comidas típicas de aquí van acompañadas de papas. Pero no de cualquier clase, ojo, que para eso somos muy finos. Las papas arrugadas, que acompañan a un conejo en salmorejo, un cabrito en adobo o una vieja guisada, tienen que ser bonitas, o negras, o bonitas negras, o negras oro, o Michael Jackson (negras con piel blanca). Que no son fáciles de encontrar, eh, sobre todo si te vas a otras islas. Mi amiga Marian preguntó en la recova de Las Palmas por papas bonitas y le dijeron, señalándole unas normales: “¿Le parecen poco bonitas estas?”.
Para un puchero o unas costillas con piñas, las buenas son las rosadas, o las coloradas, o las caras, o las recaras. Las roste sirven para todo y mis preferidas son las que se “fluren”, las que se desmigajan enseguida y puedes escacharlas con aceite y vinagre. Están las kineguas y las autodate, papas de rancio abolengo inglés, canarización de “King Edward” y “Out to date”. Y si estuviéramos jugando al 1, 2, 3, responda otra vez, tendríamos que nombrar las peluca, las borrallas, las azucena, las meloneras, las galácticas, las slani, las druin e, incluso, veranera e invernera según la época del año.
Si algo eché de menos en los 4 años de exilio y estudio madrileños, allá entre los años 67 al 71, fueron unas buenas papas. Recuerdo que nos reunimos una vez en casa de una amiga un grupo de canarios, llevados por la nostalgia, para hacernos un conejo en salmorejo con papas arrugadas y, al final, parecíamos los de la canción “A qué volver”. Sólo que en vez de decir: “La casa ya es otra casa”, decíamos: “La papa ya es otra papa…” Tampoco nos salió igual el salmorejo sin las necesarias pimientas palmeras, si les digo la verdad.
De la presencia de la papa en nuestra vida dan fe expresiones de nuestro lenguaje:“a ti lo que te gusta es la papita suave”, “no tiene papas en la boca”, “se quedó como una paparrala” o el “mándate una papa que ahora están baratas”. Y coplas como “Padre mío, San Benito, / patrón de los labradores, / acaba con la lagarta / y dame papas mayores” o “Al pasar por La Laguna / me dijo una lagunera: / No te vayas pa que almuerces / chicharros con papas nuevas”.
¿Para cuándo un monumento a la papa o una moción para ponerla en el escudo de Tenerife? Porque, además, hay que ver lo democráticas que son. No hay casa o fiesta sin ellas e igualan a ricos y pobres, que las pueden degustar arrugadas, guisadas, fritas… en platos deliciosos y engordones. Oh, hasta vi el otro día en un bar de Tejina que anunciaban “Papas paranoicas e histéricas”, que estoy por acercarme a ver de qué va la cosa…
Y en los últimos tiempos, en mi pueblo por lo menos, donde antes había campos secos dejados de la mano de Dios, ahora aparecen huertitas de papas que, ordenadas en pulcras hileras, estallan en flores blancas. Y surgen también iniciativas que promueven este aprovechamiento del campo en tiempos difíciles, como la de “Huertos compartidos”, que es otra manera de llamar a lo del “medianero” de antes. ¿Que tengo una huerta pero no tiempo, ganas o salud para sembrarla? Pues te la dejo a ti, que eres joven, fuerte y quieres trabajar, a cambio de compartir la cosecha.
Tal vez empecemos ahora una nueva era de economía de subsistencia, basada en la papa como cultivo estrella. Tal vez volveremos, como Miguel Hernández, “a mi huerto y a mi higuera” y pajareará nuestra alma colmenera “por los altos andamios de las flores”. Mira por donde, tal vez surja algo positivo de este “catacrack”.
publicado el 13 Enero, 2012 en El Dia (0) comenta
publicado el 8 Diciembre, 2011 en La Opinion (0) comenta