Tenerife / Los Rodeos
Tenerife Sur
Me gusta dibujar mientras hago otras cosas como oír música, hablar por teléfono o simplemente pensar en mis cosas. En las aburridas reuniones de trabajo a las que uno debe asistir – ¿por qué no nos dicen por escrito lo que tenemos que hacer y nos ahorramos el coñazo? – suelo pintarrajear todo papel que se me ponga a tiro.
Poetas para un estío de noviembre. Poetas de la tierra, espíritus blandidos por la insularidad codepredada y depredadora en ese autoencuentro interior. Encontrar tus zapatos no es tan fácil. Supe de Luis Feria por Rubén Díaz. El título del poema es NOVIEMBRE, de una serie en que hay de ENERO a DICIEMBRE. En el último verso ya había recalado el más que perspicaz de Rubén Díaz hace años.
<< DIME cómo es la vida cuando no sé estar vivo,
despojándome de sueños, que la tierra no espera.
Venía de calzar mis zapatos, de redescubrir la Chicharrolandia -que dicen en la FuerteAventura-, y de reencontrar sus entrañas. Todo en uno: el ser, una voz, un descubrimiento para algunos, una buena reflexión por la proximidad del Día del Árbol, y si la última vez traje aquí a un poeta vivo, ahora le toca el turno a un poeta muerto de viva voz con voz viva profunda y milenaria. De la ciudad del Drago, con El mar inverosíl, uno de los poemas que Emeterio Gutiérrez Albelo incluyera en Poemas 1939 y 1969:
He enriquecio el espíritu con la confección de mermelada de naranjas amargas a ver si los aromas de antes me hacen estar donde estoy. He subido a casa de Galván para recoger las castañas de siempre y decirme que vivo en noviembre. He comprado unos dulces de Ego [Casa Egon, el auténtico sabor de la Villa si uno es goloso] para saberme en La Orotava. Y he hecho unas chapuzas en la casa de los viejos y he merendado con tres sobrinos para regar las raíces.
Pensaba hacer unas reflexiones sobre la marcha de Ani Oramas del consistorio de la Ciudad de los Adelantados, pero se me habrán adelantado tantos y tantas que doy la reflexión por realizada. Ir para Madrid a la larga imprime carácter, y no es que la cuasi ex alcaldesa no lo tuviera, que de casta le viene al galgo.
Gocé con los comentarios de Sagitta y le espeté uno en su blog de aquí te espero, y van los duendes informáticos y lo mandan al limbo del ciberespacio y uno no tiene ya la memoria para reproducirlo textualmente aunque lo haya escrito hece unos minutos.
En las noches de aire limpio se pueden ver al bajar de La Laguna a Santa Cruz las luces que marcan el arco dorado de la playa de enfrente. El mar me gusta en todas sus manifestaciones, pero hay una playa, esa playa, de la que conozco cada rincón, cada remolino, cada peña, el olor, la transparencia única del agua en su orilla, el tacto de su arena. Cuando pienso en mi playa se suceden las sensaciones como si de nuevo estuviera allí.
Ayer tarde maté un sargo. De más de un kilogramo de peso, picó esquivo, pero luchó como un jabato y supe darle liña y puntera para ir ahogándolo. La caña era la finita, y al carrete no le sonaba la chicharra. Cuando estaba fuera del agua, pendiente de un hilo, en lenta escalada risco arriba, el compañero de pesca trató de asir el nylon al tiempo que se partía y el sargo se fue al agua con el anzuelo en la boca, la plomada de tubo y arrastrando el roto cordón umbilical que nos unía.
No es una leyenda urbana: cuando un paciente (o una paciente), en estado terminal, comienza la mañana acicalándose, ese es su último día. Viene esto a colación pues uno anda estos días con una actividad laboral tan frenética que a todas luces se nota que estoy a las puertas de unas semanas [merecidas] de vacaciones.
publicado el 20 Octubre, 2008 en noticanarias.com (0) comenta
publicado el 18 Noviembre, 2008 en elmundo.com (0) comenta
publicado el 13 Noviembre, 2008 en laopinion.es (1) comenta