
El pasado fin de semana dimos una vuelta por el norte de la isla aprovechando el buen tiempo y paramos a tomar algo en la Caleta de Interián, un precioso rincón de nuestra costa. El restaurante que buscábamos estaba cerrado por vacaciones en el mes de junio, así que preguntamos por la zona y nos dieron dos opciones: un restaurante de cocina creativa, que también encontramos cerrado, y otro de cocina canaria, más sencillo y popular. Como el objetivo era picar algo ligero para seguir el paseo, entramos en El Rubio.
Nos encontramos un local pequeño, con barra y restaurante separados por una mampara de madera, y con bastante clientela, una casa de comidas de ambiente familiar. Pedimos una ensalada de col que tenía un aliño oriental, agridulce, y estaba buena, unos calamares sin gracia y unas gambas al ajillo hechas sin buen aceite. Para beber pedimos medio litro de vino blanco de la zona y nos pusieron una jarrita que llenaron con una botella abierta de Viña Zanata.
De repente nos fijamos en los manejos que se tenía la camarera con las botellas de Viña Zanata que había en el refrigerador. Sacaba la botella cuando se vaciaba, la colocaba junto al mueble por el lado que no se ve desde el comedor, la llenaba con el contenido de un tetrabrik de vino a granel que estaba colocado encima, y volvía a ponerla dentro del refrigerador. Si le pedían una botella entera, traía Viña Zanata, pero si le pedían una cuarta o medio litro, como nosotros, servía de la botella que había rellenado. Pueden ver en las fotografías cómo estaba organizado el asunto.
No dijimos nada. Tomamos un café, pagamos la cuenta (25 euros los dos) y dejamos aquí este testimonio como aviso para caminantes.
Ojito con El Rubio.
publicado el 13 Enero, 2012 en El Dia (0) comenta
publicado el 8 Diciembre, 2011 en La Opinion (0) comenta