Nunca habíamos visto gente en los aeropuertos de toda España (también en Tenerife Norte, Los Rodeos) con camisas rojas y por falda la bandera nacional (y era un tío). No habíamos visto tanta bandera en bares, balcones particulares, en las antenas de los taxis, en las de los vehículos que ayudan a estacionar los aviones, o pendientes rojoygualdas a tres bolas en las orejas de una princesa.
Lo de la Roja tiene su mérito, y no todo queda en el césped, que esta vez el campo de juego era más grande, todo el país, latinoamérica, europa y el orbe entero, que el sentimiento español ha campado a sus largas y anchas. Y uno se alegra.
No está mal que de vez en cuando ocurran estas cosas, que un portero mejore con entrenadores de equipo y selección, que un canario de Arguinegín contribuya decididamente a la gesta con algún andaluz, catalanes, asturianos,...
Te venden la tecnología como lo último y hasta los juegos de ordenador no van más allá de imitar las pruebas, carreras, combates y pasatiempos del circo romano u otros pueblos de antes. Miles de años y no queremos otro entretenimiento que competiciones de cuádrigas o laureles por gestas deportivas.
El hombre (y la mujer, o al revés) sigue con los patrones del neardental. No hemos avanzado nada, o quizá sí, igual el avance no va por dentro, va por fuera, lo que la gente ve o cree ver, las cosas que creamos. La naturaleza o lo que nos mueve por dentro es un patrón tan consistente que ni tras millones de años nos convertiremos en la buena gente que esta sociedad debiera perseguir.
Pudimos, bien, pudieron, pero uno sigue con el mismo sueldo, el coche del año pasado, más alta tasa euribor, menos capacidad económica, unos sobrinos algo mayores y un montón de anécdotas para el recuerdo: gol de Silva, el del Niño, el otro, Senna, Pujol,...
Y me alegro que haya sido esta generación de jóvenes quien haya restregado la victoria por las narices a otros futbolistas de antes y muy engredíos. Y me alegra también que un viejo haya tenido que aguantar carros y carretas para explicar al mundo y a sus pupulos una vez más que la unión hace la fuerza. Un equipo es un equipo (casi un ejército), y 11 en el campo puede ser una comparsa.
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