Un fin de semana pasado por agua, burros majoreros (que hubo muestra ganadera en Costa Calma), dolor de cabeza, corte de digestión, un airón y transporte familiar, que me vino un sobrino a competir a El Cotillo para quedar cuarto de su categoría con su body board.
Le decía a la recepcionista del Cotillo Beach Hotel que hay que ayudar al sobrinaje a crecer, lo que conlleva dejarlos a su aire pero con supervisión, y darles cancha, que con mar embrabecido también se lo peinan como con mar en calma, que los chicos ya no vienen con un pan bajo el brazo sino con una play station.
Uno era un barador (o varador) al empetado, sin tabla, paipo, aletas ni bañador, que veces lucía los genitales fuera del agua y hasta servían de quilla. Hoy hay nuevas tecnologías, más concienciación, chicos más responsables y mejor consideración, que antes los surfers eran unos peludos rubios emporrados todo el día. Hoy son depostistas de élite a corta edad, concienciados y conscientes de su posible trayectoria lúdica, escolar y personal.
Veces asusta ver tan grandes a los sobrinos, tan guapos, rubios, con sus inquietudes, criterios, compromisos y apuestas. Apuestan por la felicidad, pero sabedores de lo que tienen entre manos: son más conscientes y maduros que nosotros a su edad, de eso no hay duda (y hay que aplaudir a millones de padres y profesores por ello).
Han dejado de ser unos menudo para ser unos muchachitos grandes, capaces de viajar solos, alquilar una habitación compartida en un hotel, y alimentarse y dormir a sus horas. Sólo hubo que animarlos un fisco (o pisco, si hay canariones o majoreros por ahí) y ofrecerles el servicio de transporte del aeropuerto al hotel. Mejor dejarlos solos, tienen que crecer.
Pol quedó cuarto, su primo Alex, segundo y Guille (primo del primero y hermano del segundo) no llegó a la final. Al final, premio para dos de tres, un éxito. Son deportistas que le hacen la sangre todos los días del verano a la Playa del Socorro (Los Realejos), que veces pide auxilio de tanto que la penetran, aunque haya marea, corrientes o rachas de mil pares de olas buenas.
Quien también triunfa es uno de los hijos de Pablo Ascanio. Hijo de gato caza ratones, pero a lo surfer, que con su tabla incluso asusta a los veterano por su gran pericia, entrga, estilo y capacidad para cabalgar derechas e izquierdas.
Salud para todos ellos y cuantos canarios jóvenes se mueven en torno a las olas y el mar, que sabemos que son muchos. El pobre de Ángel, el otro sobrino enganchado a la mar, tuvo que quedarse en Tenerife, ya le llegará la edad para viajar a campeonatos.
El de El Cotillo, según los chicos, valió la pena, se divirtieron, compitieron y supieron estar juntos, que eso ayuda mucho a no perder el rumbo de una niñez que día a día llega a su fin. El día que se den cuenta, la echarán de menos; qué se le va a hacer, es ley de vida.
publicado el 13 Enero, 2012 en El Dia (0) comenta
publicado el 8 Diciembre, 2011 en La Opinion (0) comenta