Es una perra menuda mil-leches que los jóvenes vecinos, antes de su ruptura sentimental, echaron a la calle y se vio abocada a convertirse en la sombra de Toto Chulo, el Toto más Chulo de Toto. Luce, por la gracia de un zarpazo gatuno, un ojo velado que da asco a primera vista; pero que luego se torna magnífica excusa para el bien-querer-compasivo.
Ellos (la pareja desintegrada) le decían Pitu, de Pitusa -imagino. Tras el paso de Olivia (la Nené) por la cueva de Toto y la muerte por aplastamiento de Toto Chulo, renombré a la Pitu y es ahora mi Pitu Chula Nené.
No busco en ella la sustituta al amigo perruno perdido; ni trato de darle más cuartelillo que a otros animales con los que he confluido; pero se sabe miembra del barrio, y asume con solvencia su nuevo estatus de perra titular de la calle Amanay.
Embargado por la dureza de la distancia, la incomunicación, el abandono o el olvido, el ser humano encuentra en el reino animal apoyos que otrora no valoraba en su justa medida. No hay rasero; que todos sabemos de perros y gatos millonarios tras el fenecer de señoras mayores que en sus últimos días testaron a su favor.
A Pitu Chula Nené no le dejaré un duro (ni un blando), pero ella entiende que tras el umbral de la cueva hay un anacoreta (o un escribano, como dijo el otro) que la tiene en cuenta cuando hay restos y algún hueso suculento.
No asumiré aquello de "a rey muerto, rey puesto", pero la nueva reina de Toto, la 'Pituchulanené', hace méritos cada día para llenar el vacío de quien la conviertiera en su sombra. Sólo faltaría que estuviera cargada y en unas semanas pariera nuve cachorros machos (como la perra ratonera del sobrinaje, Tea) y perpetuara los genes de Toto Chulo. Entonces, está claro, no tendría escapatoria y me vería obligado a convertirme en el padrino de tremenda camada.
Comentarios
Ya se salvó la Pituchulanené. Esto parece "La dama y el vagabundo". Sólo falta que publiques dentro de un tiempo la foto de un Toto Chulo en chiquito recién nacido.
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