Tenerife / Los Rodeos
Tenerife Sur
Estoy más estanflacionado que la pipa de un indio asmático que dejó de fumar hace trescientas lunas y que para comunicarse con sus parientes de más allá de la llanura seca sustituyó la manta y la hoguera por un móvil de última generación (que llama Pico de Águila y dispone hasta de punto de nube azul).
Además, esta ralentización mañanera anida en lo más profundo de mis entrañas hasta igualarme con Burro Viejo, gran guerrero en su momento pero perezoso, cascarrabias y achacoso ahora, miembro ausente del consejo de la tribu excepto cuando ese foro decisorio lo convoca Pluma Blanca (algo así como el secretario tribal) en su tienda; por aquello de que más sabe el índio por viejo que por diablo loco.
Jalean voces joviales de guerra, no a la contención del gasto, apoyemos al consumo de bisonetes y productos derivados; pongamos en práctica medidas para garantizar el pleno empleo de todos y cada uno de los miembros de la tribu en trabajos comunales para aumentar la producción de flechas, arcos, pieles, pinturas de guerras, hachas, lanzas y collares, que también habrá que estabilizar la balanza del trueque con los pieles blancas: aseguramos más cascadas de agua de fuego para las noches de danzas rituales y consigamos más cacharros, sal, harina y no dejemos de apostar por la industria balística, que tanto bien hace a tantos.
El que las aguas negras, olorosas y pantanosas, las que brotan del corazón de la madre tierra y arden con el fuego, suban por encima del valor de cambio de los toneles y las cien monedas de oro de los rostros pálidos no debe privar a nuestro pueblo de miras y futuro.
Nuestro futuro está en la caza del bisonte, la doma de masteños, los cibersujetadores antiarrugas, el circo de Cabellos de Oro y en la industria de los reflejos atrapados en esas pieles finas que hablan y contienen gente, esas que hay en todas las cabañas de los casacas azules y su pueblo.
Las leyendas urbanas llegaron después de los indios, aunque es problable que ellos ya tuvieran sus leyendas de poblado. Una de las urbanas leyenda sostiene que un gran pensador y avanzado de la energía, la materia y el cosmos esgrimió que el pueblo Apache sabía de lo infinito del Universo, pues sostenía que donde estaba un apache estaba el centro del orbe: infinito para arriba, para abajo y para izquierda y derecha.
Sea pues, el centro de la recesión, ralentización, crisis (- "No lo digas", - "Sí", - "Dilo", - "No", - "Sí": CRISIS), está en mí, soy el culpable, lo siento, como siento llamarme ConSuMismo: con su mismo sueldo, con su mismo coche, con su mismo piso, con su misma hipoteca pero más cara, con su mismo futuro negro, con su mismo arco del año pasado, con su mismo manantial sucio y escaso, con su mismo tamarco de siempre, el heredado de un tal Benchomo.
Vivan las cabras sueltas de la costa, esas semisalvajes que sólo una apañada es capaz de reconducir a la gambuesa de turno para trancar los baifos, los machorros capados y hacer así un asadero que contribuya a garantizar el fluir de la sangre y el consumo, sacar a la gente de la atonía de estar todo el día inactivo, y mandar señales de humo a los ancestros para que iluminen el camino de nuestra hoy ralentizado existir cotidiano.
publicado el 20 Octubre, 2008 en noticanarias.com (0) comenta
publicado el 18 Noviembre, 2008 en elmundo.com (0) comenta
publicado el 13 Noviembre, 2008 en laopinion.es (1) comenta
Comentarios
Escribe tu comentario
Normas