Estimada Sagitta, "no estaba muerto, estaba de parranda".
Quiero esconder en esa frase chorra que antecede estas palabras, y que nos induce a pensar en copiosas ingestas alcohólicas y cantos varios a coro de músicos en allegro desvarío in crescendo, la triste pérdida que sufriera la gente de Toto City (y yo mismo), las buenas nuevas del amigo Santiago (González), la tierna noche del 24, los excesos de esas fechas, y las ausencias reproblables y reprochables de quien se sabe más 'depre' que un cangrejo con una sola pinza.
Abordo la pérdida, que descubro latente cada día al llegar a mi casa majorera. El que sí está muerto, y seguro que ahora mismo es pasto de los gusanos, es ese pobre Toto Chulo, quien fuera el toto más Chulo de Toto. Para que no se pierdan algunos, les preciso que Toto Chulo era el toto más chulo de Toto, un perro mil-leches capaz de dominar toda la calle Amanay del pueblo de Toto, en Pájara, al sur de Fuerteventura.
Toto Chulo fue pasto de las intencionadas ruedas de un camión, su piel y vísceras se esparcieron por el asfalto con un amargo y corto grito-llanto-ladrido, que aireó el sufrimiento efímero de un cráneo que justo antes de explotar ordenó a las cuerdas vocales mandar aviso urgente de solicitud de alarma y respeto de integridad.
El 'regalo' de Navidad, Sagitta, fue llegar a la casa-cueva de mi exilio vital de la 'Fuerteventurosa' (como decía Unamuno) isla de Fuerteventura y saber que si Toto Chulo no venía a recibirme al llegar el Rover al barrio, estaba muerto.
Él si esta muerto y se fue, y no se había ido de parranda; es más, si hay justicia canina o cielo perruno alguno, lo sé a la diestra del padre de todos los totos. El último día del año pasado puse un cartel en la puerta de la cueva, en la que se invitaba a los vecinos de Toto a brindar por el recuerdo del amigo recién perdido. Seis botellas de Pesquera hicieron de reclamo. Aquello, reparen en cómo funcionan los sesos, me recordó una frase atribuida a Bernardo Shuster: "Si quieres un amigo, cómprate un perro".
Yo no compré a Toto Chulo, ya estaba allí al llegar con todos mis bártulos; pero él, en su perruna vida, y justo antes de morir como un perro, seguro que abrigaba en su fuero interno un limpio sentimiento de afecto al colgado aquel que lo llamaba desde su soledad y cueva para darle unos cachos de queso viejo, algún hueso o restos de un guiso ya casi pasado; y todo ello en un ademán de sacarle una sonrisa afilada que dejara entrever sus caninos, una tierna mirada o un gesto inequívoco de complicidad.
Toto Chulo, ya sabes, no ladres al paso de los camiones celestes, que hasta los ángeles de pedigrí cuando van al volante son capaces de perder el talante y la cordura ante un pesado ladrador que les da la vara cada vez que pasan a la siniestra del padre de todos los perros. Te hubiera querido gato, Toto Chulo, y todavía nos quedarían seis vidas en las que congeniar.
P.D. del post: Tu cuadro, Sagitta, sigue aquí, esperando que alguien te lo acerque, Carlos se prestó, veremos si pronto visita la Maxorata y cumple.
Comentarios
Ya es significativo que pongas en primer plano después de todo este tiempo la noticia de la muerte de Toto Chulo. Está claro que era un querido amigo. Estará con San Francisco de Asís, como digo yo de mi gato (que sí tuvo sus siete vidas correspondientes durante los dieciséis años que pasó con nosotros). En casa me dicen que el pobre San Francisco debe de tener todo el cielo perdido de cacas, porque Gatito pasó sus últimos meses deshaciéndose en diarreas.
Seguro que volverás a acoger a otro buen amigo dentro de nada. Alguno tendrá esa suerte. Lo malo de la vida en los pueblos son las maldades (especialmente contra los indefensos animales) que nacen de la ignorancia y la incultura de algunos.
Espero que algún día me llegue el cuadro; guárdalo.
Besos para todos y Feliz año
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