Aparco en doble fila hoy mis Estampas Majoreras, esas en las que me siento muy cómodo cuando ahondo en la cotidiana existencia de mis conciudadanos de Toto, Pájara o Fuerteventura, y en la mía propia, porque la actualidad es el demonio y nos dice que andamos en tiempos revueltos.
Lo de tiempos revueltos no viene por la borrasca recién pasada, ni por los temporales de la mar que no dejan pescar ni por las calimas asfixiantes. La cosa está que arde dentro y fuera del terruño. Un presidente que reza, un país entero que reza, un invitado de honor del presidente que reza.
Mi madre también reza. Mientras unos oran, otros andan a la gresca con las pensiones, con la edad de jubilación, con las encuestas, con los relevos orgánicos en los partidos, con ataques orquestados a los mercados de valores, con defensas de la capacidad de nuestra economía y del euro... Y hasta revuelto está el patio con los cementerios nucleares, con el recorte del gasto, con los controladores, con los ataques políticos de patadas en las canillas y micrófonos indiscretos. ¿Y quién le pone freno a esto?
Toyota se nos ha adelantado y llama a revisión a 400.000 vehículos híbridos, que al parecer salieron de fábrica con problemas de frenada y hay que amarrarles los machos. Y yo me digo, porque de vez en cuando hablo solo como los dementes, que, como siempre, cada cual acerca el ascua a su sardina. Y hablando de sardinas, todavía colea esa reforma de la ley de pesca que nos quieren endilgar a los canarios, y que a mi entender pone en peligro los aprovechamientos tradicionales de la mar para este pueblo tan ligado al litoral desde siempre.
Tiempos revueltos los de estos días de febrero en la Maxorata, en los que nos han dejado claro que el Sur existe e insiste. Planes insulares aparte, centrales térmicas aparte, usos ganaderos aparte, avances apartes, el ciudadano de a pie sólo quiere progreso, salud y gobierno. Uno también se pregunta, ¿cómo amar en tiempos revueltos? Y frente al televisor nos llega la respuesta. Los sindicatos y la patronal llegaron anoche, con nocturnidad, premeditación y alevosía, a un acuerdo salarial capaz de garantizar una subida este año de un uno por ciento.
Eso, señoras y señores, eso sí que es amar en tiempos revueltos.
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