Tenía en la nevera el título de un post para un día que se presentara esquivo, insulso, renqueante o vacío. Surgió inicialmente de la picardía y visión crítica del desparecido Manuel Juan Suárez Luis, Silvestre, el Lindo Gatito, que nos dejó quizás por no llevar el casco bien colocado el día que embistió un camión su moto.
De la pérdida hará dos años, y sus padres aún no se han recuperado. Se van de la Villa por las Fiestas, no conciben la Romería sin su primogénito; y ni van por Valle Gran Rey a desempolvar el polvo de las ventanas del apartamento que Silver compró allí.
La historia comienza cuando decidió hacer una despedida de soltero por aquello de casarse otra vez. "Haz un cartel anunciador", me dijo, y lo colgamos en lugar destacado en el bar Suizo, que por entonces abría doña Nina, la madre de Agustín Polo González, Tinito.
Un cartel tamaño folio, con un plano de ubicación de la finca de los Perdomo (parte de su familia), donde se indicara la fecha y hora del evento. "Se te va a meter todo tipo de gente", traté de advertirle.
"Tú no te preocupes", dijo él luciendo la dentadura de diseño que mandara construir. Tú pon ahí, en letras bien grandes, que están invitados "los pertinentes", que ellos sabrán quienes son.
PD. Aunque, todo hay que decirlo, se reservó para él, en la intimidad del cuarto de la finca destinado a albergar las conejeras, el especial servicio postrero de la 'striper' (pese a que se dijo que se realizaría un sorteo entre los asistentes), en aquella despedida sólo estaban los pertinentes, uno mismo entre ellos.
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