Ya no quiero ser uno de los altos cargos del Gobierno de Canarias, que les han congelados los sueldos. Prefiero ser el guardián de la Plaza de Todos, digo de la Plaza de Toros, que al parecer, con muy buen criterio, no perderá su semblante. Una por los chicharreros y ese arquitecto, su hijo y el amigo, que entre más de una treintena de proyectos supieron métersela doblada a más de uno que pretendía derribar el inmueble.
De chico, cuando el viejo (en aquella época no tanto como ahora) te llevaba a Santa Cruz, al ver la Plaza de Toros te quedabas impresionado por aquel medio-anfiteatro-taurino: bonito, se veía bonito, y se ha seguido viendo bonito, cuando uno mira con los ojos del niño. Luego llegó la salsa, Oscar de León, el gato que se estaba quejando porque su gata no lo dejaba... y más tarde las copas nocturnas con Rubén Díaz y la concurrencia.
Patrimonio de la Humanidad para el arte rupestre de Cantabria, Asturias y el País Vasco, viva Altamira y su reproducción para los que la quieran ver. Y el 9 de octubre, coincidiendo con el día de su muerte, podrían ver la luz los diarios del Che, el Guevara, que quieren imprimirlos en el Nuevo Mundo.
Ante tal cantidad de eventos y circunstancia no se nos escapa la muerte del Jefe del Cuerpo Nacional de Policía en Santa Cruz de Tenerife, descanse en paz un hombre que vino a las Islas para hacerlo bien.
Esto parece más un resumen de prensa que un blogexilio, pero es que hay ocasiones en que el terruño y la actualidad silencian las agujetas de los pateos, los ecos de las canciones de Amparanoia que aún suenan en los tímpanos exitados, las verduras ecológicas de Llopis, o los inigualables sabores de una sama roquera que tuvo a bien dejarse almorzar ayer.
Binter dice que te lleva, pero en plan turista, soplándote casi cien euros por acercarte al bautismo de tu sobrina Karin Cristina, qué se le va a hacer, pagar el impuesto revolucionario aéreo, ahora que le han rebajado a los gomeros de San Sebastián, Alajeró, y Valle Gran Rey el transporte marítimo con Tenerife (aunque ellos dicen que la rebaja es para todos los residentes canarios).
Cuando estuve laboralexiliado en La Gomera subían los pasajes, esto es así; nunca está uno donde debe, o por lo meno no en el momento (mi tía Genoveva siempre dice que más vale llegar a tiempo que estar convidado). Menos mal que todavía me quedan cebollas de las que me regaló Carmelo el majorero, que con cuatro ajos, un fisco de vino blanco, tres piedras de sal, unas hierbas provenzales, un chorrito de aceite de oliva y unos higadillos de pollo te ayudan a bajar los vasos de vino de La Orotava de Suso el Rápido.
Comentarios
Escribe tu comentario
Normas