por Andrés Gutiérrez Duncanson
Toño 'el Papaucho', que también es de La Orotava, se afincó en Tuineje y transformó una casa vieja con pozo en chalé de mil pares de metros. El devenir de los acontecimientos le hacen ahora regar picón en un generoso patio en el que sólo le esperan su gallo fino y la quícara; que su hijo anda más al sur con su señora madre.
'El Lelo', que también es de La Orotava, vino a cuidar sus vástagos mientras la señora acudía a un congreso de Comisiones Obreras (CC.OO.). Íntimo de Toño, anda desde hace años en el sector de la atención hospitalaria (y el sindicato), de lo que me alegro, aunque no tanto como sus 'pacientes', mayores casi impedidos que encuentran en este tipo de profesional el apoyo que ya no le pueden prestar ni hijos ni sobrinos.
Los de Comisiones, el Lelo, su señora y compañeros (formadores sindicales), rumiaban en sus cabezas los coletazos de los logros del encuentro congresual mientras Toño les preparaba un exquisito cabrito frito (doy fe), que regamos con vino a granel de la Villa. Queso tierno, tomates, cebollas y aguacates de la tierra y mermelada de tomates aderezaron una velada marcada por las llamadas telefónicas a las compañías aéreas para saber si los aeropuertos canarios estaban operativos en medio de la borrascosa tormenta de viento y agua.
Cansados de las comidas del hotel, suspiraban por un potaje (que seguro pondrán hoy al fuego). Toño, que sabe dónde está todo en Fuerteventura, les buscó el cabrito y quién les vendiera quesos, producto artesanal que degustarán con la rica mermelada de tomates que confitamos en la sobremesa de ayer, que se dilató hasta las seis y media de la tarde, cuando partieron rumbo al aeropuerto sorteando el viento y las nubes bajas.
Comentarios
Hay veces, Don Duncan, que le envidio su exilio majorero. Candelaria, mi médica, debería recetarmelo para la hipertensión. Eso sí, con gastos pagos por la Seguridad Social.
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