Toño 'el Papaucho', que también es de La Orotava, se afincó en Tuineje y transformó una casa vieja con pozo en chalé de mil pares de metros. El devenir de los acontecimientos le hacen ahora regar picón en un generoso patio en el que sólo le esperan su gallo fino y la quícara; que su hijo anda más al sur con su señora madre.
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Me despiertan los truenos y relámpagos; y por unos instantes creo estar en mi casa de La Orotava, con la panza de burro encima de nuestras cabezas, regando el valle como cuando era chico. Pero no es así, amanezco en Toto y llueve en Fuerteventura.
La paleta gris de la mañana pinta los cielos de plomo. La tierra de este esqueleto de isla chupa cada gota que cae. Las lomas lucen encendidas, en un resaltar los ocres y unos verdes germinales, capaces de transmutar la Maxorata para lucir bello disfraz estos carnavales.
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Ya se dijo aquí que Calero es un gran enamorado de Fuerteventura. Y por ello, acudió con gusto a la presentación de la isla majorera como destino turístico, acto que se realizó la pasada semana en el Hotel Meliá Galgos de la calle Claudio Coello de Madrid.
A Calero le pusimos una alcachofa con cable delante y de un tirón y con la pericia del comunicador curtido regó de excelencias los reclamos turísticos de Fuerteventura en una argumentación clara y llena de sentido promocional.
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Es una perra menuda mil-leches que los jóvenes vecinos, antes de su ruptura sentimental, echaron a la calle y se vio abocada a convertirse en la sombra de Toto Chulo, el Toto más Chulo de Toto. Luce, por la gracia de un zarpazo gatuno, un ojo velado que da asco a primera vista; pero que luego se torna magnífica excusa para el bien-querer-compasivo.
Ellos (la pareja desintegrada) le decían Pitu, de Pitusa -imagino. Tras el paso de Olivia (la Nené) por la cueva de Toto y la muerte por aplastamiento de Toto Chulo, renombré a la Pitu y es ahora mi Pitu Chula Nené.
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Como otras veces, venía dispuesto a escribir de algo y luego se quedará en el tintero. Se queda en el tintero la morena pintada de más de tres kilogramos de peso que me regalara Alberto y su padre (a quienes desconocía hasta entonces) el último día del año, tras ayudarles a sacar su lancha motora de la mar muy cerca del Museo de la Sal de Caleta de Fuste. Queda en el tintero también la última cena del 2009, la compaña, los pesqueras, Luis, las almejas en salsa verde, el arroz caldoso y los reyes en solitario.
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Estimada Sagitta, "no estaba muerto, estaba de parranda".
Quiero esconder en esa frase chorra que antecede estas palabras, y que nos induce a pensar en copiosas ingestas alcohólicas y cantos varios a coro de músicos en allegro desvarío in crescendo, la triste pérdida que sufriera la gente de Toto City (y yo mismo), las buenas nuevas del amigo Santiago (González), la tierna noche del 24, los excesos de esas fechas, y las ausencias reproblables y reprochables de quien se sabe más 'depre' que un cangrejo con una sola pinza.
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Querida sobrina Olga:
Contabas con un día de vida y tus pulmones tuvieron alguna pérdida en su puesta en marcha. Los doctores nos tranquilizaron al asegurarnos que eso ocurre. Esa primera noche tu casa fue un nido junto a los inquilinos de las incubadoras próximas.
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La imagino menuda, encogida, tan clara que seguro es casi traslúcida y deja entrever sus capilares y huesecitos debajo de esa primera piel de recién parida. Olga nació anoche y en el alumbramiento no mortificó mucho a su madre, OlguitaMary, que en menos de cuarenta y cinco minutos la tenía ya en sus brazos.
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"Endemismo nacen, crecen y mueren", que diría un mago del norte como uno. A la gresca o atónitos, o han adelantado el Día de los Santos Inocentes, ese que se toma como excusa para sacar en los medios de comunicación noticias falsas dignas del más puro 'peor imposible'.
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